AUTOCONSUMO
La huerta como escudo frente a inflación: "Puedes ahorrar mas de 500 euros al año"
En Galicia, uno de cada cuatro hogares gallegos sigue recurriendo al autoconsumo, y casi uno de cada cinco consume huevos o pollos de producción propia.

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El valor de la huerta se mantiene, y en algunos casos, crece, como refugio frente a la subida de precios y como garantía de calidad alimentaria. En Galicia esa tradición resiste, aunque con matices: hay más de 100.000 familias menos que antes de la pandemia con acceso directo a productos de casa.
Aun así, hoy, uno de cada cuatro hogares gallegos sigue recurriendo al autoconsumo y casi uno de cada cinco consume huevos o pollos de producción propia, según la Encuesta Estructural de Hogares del Instituto Galego de Estatística (IGE).
En la provincia de Ourense, este fenómeno tiene especial peso. Es la segunda de España con más superficie de huerta por habitante, con unos 213 metros cuadrados por persona, y más de 6.500 hectáreas dedicadas a huertos familiares, según la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE) del Ministerio de Agricultura.
No es un residuo del pasado, sino una realidad viva: más de un 35% de los hogares ourensanos reducen su gasto gracias a lo que cultivan o crían en casa. El ahorro medio ronda los 537 euros al año, aunque en muchos casos, como el de Fini Dorribo, la cifra puede ser bastante mayor.
Fini vive en Ourense y hace cinco años decidió volver a la tierra. Tras regresar de Tenerife, cogió una pequeña huerta y empezó a cultivarla para su propio consumo. Hoy, en ese terreno no falta prácticamente de nada. "Tengo de todo, no me falta un producto de temporada", cuenta. Repollos, lechugas, tomates, brócoli, pimientos de Padrón… incluso patatas. A eso se suman los huevos de casa, gracias a varias gallinas que cuida "como si fuesen de la familia".
Su caso ilustra bien por qué la huerta sigue teniendo sentido. En su día a día, el consumo de verdura es alto. "Consumimos mucha cebolla, mucha lechuga", reconoce y eso se traduce en un impacto directo en el bolsillo. "Al año puedo invertir unos 300 euros, pero el ahorro supera los 1.000", explica. Las cuentas salen solas cuando se comparan con el supermercado: cebollas a más de dos euros, lechugas por encima del euro. "Está todo carísimo", resume.
Pero el factor económico es solo una parte. En realidad, el mantenimiento, e incluso el repunte, de la huerta tiene que ver también con una cuestión de control y calidad. "Sabes lo que comes", insiste Fini. Sus cultivos son propios desde el inicio: hace semilleros, prepara su propio abono, "los mejunjes, como yo los llamo", y adapta la producción a la temporada. No hay intermediarios ni procesos industriales. Solo tierra, tiempo y conocimiento.
Ese conocimiento, precisamente, es uno de los elementos que están en riesgo. La huerta gallega refleja también los cambios sociales: envejecimiento, falta de relevo generacional y transformación de los hábitos de vida. Aunque más de la mitad de la superficie agraria útil en Galicia corresponde a huertas familiares, según datos de la Consellería do Medio Rural citados en distintos estudios sobre el sector, cada vez menos hogares mantienen esa práctica. Requiere trabajo, constancia y una relación directa con el territorio que no siempre encaja en los ritmos actuales.
Aun así, el autoconsumo sigue siendo un pilar silencioso. No solo reduce gastos, también genera redes informales, intercambio entre vecinos, apoyo familiar, y aporta un valor que no aparece en las estadísticas: tiempo al aire libre, actividad física y bienestar emocional. Fini lo resume de forma sencilla: "Es terapéutico".
En Ourense, donde la huerta forma parte del paisaje y de la identidad, esa dimensión cobra especial relevancia. El minifundismo histórico, la cercanía entre lo rural y lo urbano y la presión de los precios han reforzado su papel. No se trata solo de tradición, sino de adaptación.
Porque, en un contexto de inflación y cambio social, volver a la huerta no es retroceder. Para muchos, como Fini, es avanzar hacia una forma más sostenible, y también más consciente, de llenar la despensa.
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