Desde pequeña se ha visto influenciada por los continuos roles de género impuestos porque sí a las personas que no eran varones. Quería jugar al fútbol, pero sus padres no la dejaron y, así, comenzó a patinar, pese a que ambos eran catalogados como masculinos.

De la misma forma, en los entrenamientos seguía siendo discriminada: "llegaba a un parque y solo por ser chica, directamente ni me respetaban. No sé el ego de que un hombre tenga que ser menos que una mujer".

A ello se le suman, las habituales diferencias en cuanto a premios dentro de distintas competiciones, en uno de ellos no pudieron competir porque, según el director el público se iría en el momento en el que las chicas saltaran a la pista: "nos dijeron que las chicas no iban a patinar porque la plaza estaba llenada de gente y se iban a ir, ¿cómo me tomo yo eso?"

Ante ello, decidió enviar una carta de denuncia a todo el mundo del patinaje, "me gustaría expresar sin faltar el respeto a nadie, que las chicas nos merecemos el mismo lugar en este deporte que cualquier patinador, aquel que no lo entienda es porque realmente no sabe que aporta o que se siente encima de unas ruedas".

El hecho de que sus padres ya lo hayan aceptado, es el primer paso de una patinadora que no tiene límites y que quiere luchar por un sueño no solo escrito en masculino.