Antes de marcharse corriendo al aeropuerto, le ha dicho a la supervisora de mi planta que tenía que subir a Donosti a solucionar unos asuntos muy importantes para el futuro de la clínica Las Flores. No se muy bien qué habrá pasado, pero para marcharse en avión ha tenido que ser algo gordo, y es que a mi desde el primer día que llegué a la clínica me han dicho que le tiene pánico a volar, que ese es el único punto débil de nuestra jefa.

No se, vamos a tener que ir con una gorra de comandante por los pasillos para ver si así no se nos acerca.

Por cierto, ¿os acordáis de Yago?. Mi paisano el pediatra gallego, ese que habían llamado para una entrevista de trabajo en la Híspalis. Pues al final lo han cogido, me alegro mucho por el.

Lo se porque lleva puesta la bata de la clínica, y está ahora mismo en la barra de la cafetería de la Híspalis hablando con otro médico. ¿Que qué hago yo desayunando en la cafetería de la competencia? ¡pues enterarme de cotilleos!. Además, según un estudio de una prestigiosa universidad que me acabo de inventar, no es bueno desayunar en la cafetería del hospital donde trabajas… que pasa la supervisora, te ve y te manda a hacer horas extra.

Me estoy divirtiendo un montón, viendo desde mi mesa cómo el otro médico trata sin éxito de hacerle un interrogatorio a mi Yaguiño sobre su vida privada… pobrecillo, no debe saber que los gallegos siempre respondemos con otra pregunta: «Yago, ¿tú tienes novia?» «¿Por qué me lo preguntas?», y así todo el rato.

¡Uy!. Pero qué hora es ya, madre mía. Tengo que ir hasta Las Flores a ver si saben algo de cuándo vuelve Trini. Por cierto, mirad si son peculiares las enfermeras de La Híspalis que están practicando a lanzar un carro de curas por el pasillo. Colocan un maniquí en medio y empujan con todas sus fuerzas el carro para tirar el muñeco al suelo. ¿Para qué harán eso?. Yo me marcho antes de que me atropellen.