Los suelos de España

El terreno bajo nuestros pies explica por qué España se inunda

La geología marca el comportamiento del agua. Desde Grazalema hasta el Levante, el tipo de suelo, el relieve y el cambio en las lluvias explican por qué las inundaciones son cada vez más frecuentes e intensas en España.

Suelo

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El suelo que pisamos importa más de lo que parece. Y mucho. Entender cómo es el terreno en España es clave para explicar por qué determinadas zonas se inundan con facilidad cuando llegan lluvias intensas y persistentes, como ha ocurrido recientemente en la Sierra de Grazalema.

Grazalema es un ejemplo muy claro de cómo funciona un terreno donde prácticamente no existe suelo. Así lo explica Juan José Durán Valsero, profesor de Investigación del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC): "Todo el agua que precipita toca directamente la roca caliza y rápidamente se introduce por fracturas y grietas al subsuelo". El resultado es que el agua no se queda en superficie, sino que se filtra con rapidez hacia abajo.

El subsuelo de la sierra de Grazalema es, de hecho, un gran acuífero. Un enorme embalse subterráneo que las lluvias persistentes han terminado llenando por completo. Cuando ese acuífero se satura, el agua reaparece en superficie, brota por manantiales y puede provocar crecidas repentinas. Conocer el suelo que pisamos es fundamental para entender este tipo de inundaciones.

Las zonas más inundables: cerca de los ríos

España es un país tremendamente geodiverso. El mapa geológico lo deja claro. En el oeste predominan los terrenos duros, rocosos, poco permeables. Cerca de los grandes ríos, como el Ebro, el Duero, el Tajo o el Guadalquivir, aparecen las grandes cuencas fluviales, con suelos más blandos y arcillosos, zonas naturalmente inundables porque la arcilla no traga bien el agua. Pero es que además somo un país con mucho relieve: Somos, de hecho, el segundo país de Europa con más montañas, por detrás de Suiza. Esa orografía, combinada con suelos secos y lluvias intensas, multiplica el riesgo de avenidas rápidas e inundaciones.

En España, además, tenemos sistemas montañosos muy próximos al mar. Esa combinación convierte a algunas regiones en especialmente vulnerables. Hablamos del Mediterráneo. Son los conocidos barrancos y ramblas, donde las pendientes son fuertes y los tiempos de concentración del agua en las pequeñas cuencas fluviales son muy rápidos. Cuando llueve con intensidad, el agua desciende a gran velocidad, sin apenas margen de absorción.

España: Un país semiárido

Además, gran parte del territorio español presenta suelos poco desarrollados y pobres en materia orgánica. En muchos lugares aflora directamente la roca. Aproximadamente el 80% de la superficie del país es árida o semiárida. Esto significa que el suelo está seco la mayor parte del año y, cuando llegan lluvias intensas, no puede "tragarse" el agua. En lugar de infiltrarse, arrastra sedimentos, suciedad y todo lo que encuentra a su paso.

Las zonas más inundables se localizan, sobre todo, en las depresiones fluviales y en áreas de acumulación natural del agua. Y la preocupación va en aumento. Los patrones de precipitación están cambiando: lluvias más intensas, episodios más frecuentes y de mayor duración, alternados con sequías cada vez más prolongadas.

El reto de adaptarse al nuevo clima

Por eso, los expertos insisten en la necesidad urgente de adaptarse. Las infraestructuras deben modificarse y renovarse teniendo en cuenta estos nuevos patrones de lluvia. No hacerlo supone aumentar el riesgo de tragedias. Entender el suelo, respetar la geología y planificar en consecuencia será clave para adaptar España a esta nueva era climática.

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