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TRÁFICO DE ÓRGANOS
Un bangladesí vende su riñón para montar un negocio
En Bangladesh, el comercio de órganos es un gran negocio. Cada año, cientos de personas ponen a la venta partes de su cuerpo en un macabro mercado, con la esperanza de poder salir de la pobreza. Se trata de personas atrapadas en una red de préstamos a los que no pueden hacer frente.
La desesperación obligó a Mehdi Hasan a entrar en un quirófano para hacerse con un pequeño capital que le permitiera poner en marcha un negocio. Le dieron 145.000 takas, poco más de 1.900 dólares, pero, según asegura, el dolor ha limitado su capacidad para volver a trabajar.
El de Mehdi Hasan es el último caso conocido, pero este terrible negocio ya fue noticia hace unos meses, cuando la policía desmanteló una red de traficantes de órganos localizada en Joypurhat, un distrito situado en el noreste del país. Los traficantes de órganos captaban a aldeanos agobiados por las deudas prometiéndoles una vía rápida para salir de sus problemas económicos.
Según distintos testimonios, los comerciantes ilegales visitan centros de diagnóstico. Los que se han atrevido a denunciar lo ocurrido aseguran que los traficantes saben que estos centros son un buen lugar para cazar pacientes. Una vez hecho el contacto, el donante es conducido a Daka para las pruebas necesarias. Es entonces cuando se falsifican todos los documentos, creando una relación familiar entre el donante – vendedor y el receptor, ya que según establece la ley de Bangladesh, sólo los miembros de la familia están legalmente autorizados a donar sus órganos.
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