Dopaje

¿Positivo por relaciones sexuales? Del laboratorio al dormitorio: el nuevo dilema del antidopaje

Imogen Simmonds y Ginny Fuchs fueron absueltas tras demostrar que la sustancia llegó a su cuerpo sin haberla ingerido. La norma, ante sus propios límites: ¿el deportista responde por todo lo que aparece en su organismo?

La triatleta danesa Imogen Simmonds

La triatleta danesa Imogen Simmonds Getty images

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El sexo puede ser dopaje. La frase suena provocadora, casi un titular sensacionalista para generar clics. Pero en los últimos años ha dejado de ser una exageración para convertirse en argumento jurídico dentro de varios casos reales en el deporte profesional.

Uno de los más recientes es el de la triatleta suiza Imogen Simmonds. La especialista en media distancia, considerada una de las mejores del circuito internacional, dio positivo por Ligandrol en un control realizado en diciembre de 2024. El Ligandrol es un modulador selectivo de los receptores androgénicos (SARM) que favorece el aumento de masa muscular y está prohibido por la Agencia Mundial Antidopaje.

Desde el primer momento, Simmonds defendió que no había consumido la sustancia de forma voluntaria. Aportó documentación, pruebas periciales y un relato detallado de los hechos. Así que tras meses de investigación, el organismo competente concluyó que la presencia del compuesto se debía a una contaminación por contacto íntimo con su pareja, que sí estaba tomando esa sustancia. El dictamen fue claro: no hubo culpa ni negligencia. Resultado: absuelta y sin sanción.

Ginny Fuchs también fue absuelta

El caso no es aislado. La boxeadora olímpica estadounidense Ginny Fuchs también fue exonerada tras alegar que su positivo se produjo por transmisión durante relaciones sexuales sin protección con su pareja, que estaba bajo tratamiento con una sustancia prohibida. Las autoridades antidopaje aceptaron la explicación tras analizar el contexto y las pruebas científicas aportadas.

Incluso en el fútbol se han extremado precauciones ante este tipo de escenarios. La pareja de Vinícius, Virginia Fonseca, he llegado a enviar una pomada vaginal que le prescribió su ginecólogo al Real Madrid para que fuera analizada ante el temor de que algún componente pudiera generar un resultado adverso en un control. Más allá de la anécdota, refleja hasta qué punto el entorno de los deportistas vive pendiente de cualquier posible contaminación a día de hoy.

La línea entre responsabilidad y vida privada

Estos episodios abren un debate incómodo pero cada vez más presente en el deporte de élite. El principio de responsabilidad objetiva establece que el atleta es responsable de todo lo que aparece en su organismo, independientemente de la intención. Sin embargo, los casos de contaminación por contacto íntimo obligan a matizar esa rigidez cuando la ciencia respalda la versión del deportista.

Y es que el dopaje ya no se asocia únicamente a jeringuillas ocultas o pastillas en un vestuario. También plantea preguntas sobre la vida privada, la convivencia y los límites de la responsabilidad individual. ¿Hasta qué punto un deportista debe responder por una sustancia que nunca quiso consumir y que llegó a su cuerpo sin saberlo? El debate está abierto.

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