
La matriarca no se arrepiente de haber disparado a Mine y trata de justificar su decisión. Está convencida de que actúa para proteger a su familia y, sobre todo, a su nieto.

Mine se niega a escuchar a Alya y continúa con su plan para revelar la verdad. Entonces aparece Sadakat y un disparo cambia para siempre el destino de los Albora.