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Desde la orilla, Alya y Sadakat no han podido hacer otra cosa que esperar. Sin ver a Cihan, a Kaya ni al pequeño regresar, ambas han acabado abrazadas y llorando, aterrorizadas ante la posibilidad de que ocurra una desgracia.

La doctora ya no está dispuesta a escuchar más excusas. Después de años guardándose todo el dolor de su infancia, ha aprovechado el cara a cara con Fikriye para decirle lo que llevaba toda una vida callando.