Y si no me creéis podéis preguntárselo al doctor Goldman, el nuevo cardiólogo que acaba de fichar mi jefa para la clínica Las Flores. Dicen que es toda una eminencia en asuntos del corazón, pero me ha contado el celador de la planta que hace unos días lo vio recorriendo la Feria en una calesa con Trini, y que no paraba de beber rebujito y de comer jamón del caro. Que digo yo que será extranjero pero no tonto, y a las costumbres buenas enseguida se acostumbra uno. Además un jamón que está a setenta euros el kilo tiene que ser cardiosaludable, sobre todo si no lo pagas tú.

Dicen las “niñas” de admisión, que si Goldman ha firmado el contrato con Las Flores es porque iba como Las Grecas. No se… yo no quiero pensar mal de Trini, pero sí es cierto que con tal de conseguir que su clínica sea mejor que la Híspalis es capaz de hacer cualquier cosa. Y seguro que Carmen también estaba detrás de Goldman para ficharlo, ¡quién no querría tener a un reputado cardiólogo como él en su clínica!, pero al final se lo ha traído Trini a Las Flores. Que por cierto, estoy deseando verlo en acción, porque ya han pasado unos días y sólo lo veo en la cafetería cuando bajo a por el bocadillo. Está siempre allí. Parece que no se ha enterado aún de que la Feria de Sevilla ya ha terminado, y a este paso van a tener que ponerlo a pasar consulta en la barra!

Aunque hablando de cafeterías, me ha contado también el celador de mi planta que la de la Híspalis ya no está en venta. Por lo visto se la queda Rafi, el hermano de Carmen, si es que el bar del hospital siempre es buen negocio… sobre todo si tienes entre el personal a alguien como el doctor Goldman que se deja allí medio sueldo!

Aunque me parece que ahora lo que más le preocupa a Rafi no es eso, si no la prueba de paternidad que le ha pedido Isabel, y es que parece que no se acaba de creer que Juan sea su hijo… ¡aquí va a haber más de una sorpresa!

Si es que en la Híspalis están que no ganan para sustos. Las vacunas, el topo, la auditoría… y ahora resulta que Jozé, que es amigo del celador de mi planta porque estudiaron juntos, está convencido de que le queda un mes de vida y ha empezado a derrochar como si no hubiese un mañana… bueno, es que el cree que no lo hay, por eso no repara en gastos y se ha puesto a vivir como si fuese el mismísimo Don Benjumea… ya veréis, otro que se va a arrepentir de escuchar detrás de las puertas lo que hablan las enfermeras.