¿Caduca?

¿Caduca?

El yogur y sus misterios, cinco mitos sobre la perdición blanca

Si eres de esos que no se puede ir a la cama sin jamarse un yogur, alza la mano. Es cierto que este producto lácteo despierta pasiones como pocos, pero hay afirmaciones sobre él, instaladas en nuestra cabeza y que no sabemos si son ciertas o no. Aquí van cinco mitos desmontables (o no).

Yogurazo, sabemos todo sobre ti, ¿o no?
Yogurazo, sabemos todo sobre ti, ¿o no? | Cocinatis

A lo mejor pensáis que Laura Conde y yo somos la misma persona, pero no, no es así, no somos Clark Kent y Superman: somos seres humanos distintos, incluso de sexo diferente. Y, a veces, tenemos pareceres dispares sobre asuntos como tomarse un yogur. La llamé un día diciéndole que me iba a zampar un yogur para merendar y me soltó “comer un yogur a media tarde es de 'losers'”. Sin paños calientes. Ella es así.

El yogur es un terreno de pasiones.  Los que lo aman (amamos), lo hacen (hacemos) desaforadamente. Pero hay afirmaciones y hechos sobre él que habitan el terreno de los mitos y que ni siquiera los más avezados consumidores sabemos si son ciertos. Por eso, hoy vamos a meternos en ese terreno nebuloso para tratar de arrojar un poco de luz. Con el bigote manchado de blanco, claro está.

El yogur siempre es sano… y no engorda. ¡JAJAJAJA! (risotada de villano de Marvel). Mirad, amigos, el mundo del yogur es tan variado como el armario de Lady Gaga. Todo depende de si hay topping o no, o de la cantidad de azúcar que le pongas, o de las mermeladas o cremas diversas que pueda traer incorporadas… recordad que la frasecita de “hoy ceno un yogur, que no engorda nada de nada” es tan falsa como la de “me tomo una y para casa”.

¿Qué son esos yogures que pueden vivir fuera de la nevera? Efectivamente, hay una raza de postres lácteos que no necesitan frío. No, no es que hayan mutado en una especie superior: sencillamente son postres lácteos que han sido sometidos a un proceso que inactiva la fermentación y que los hace aptos para sobrevivir en un cajón de tu cocina. No se pueden publicitar como yogures, pero la verdad es que muchas veces ni nos fijamos.

¿Es digestivo el yogur? Yes, madam. La responsabilidad es de nuestros amigos los probióticos, que echan una mano a la hora de equilibrar la flora intestinal y que ayudan a que asimilemos los nutrientes de manera más sencilla. De hecho, terminar una comida pesada con un yogurcito es más que recomendable.

Los intolerantes a la lactosa sí pueden tomar yogur. Con reservas, pero sí. La lactosa que contiene el yogur es más fácil que digerir que la de la leche, porque ha sido parcialmente transformada. Así que para aquellas personas con intolerancia primaria y secundaria, un poco de yogur puede resultar perfectamente válido.

Y la pregunta definitiva: ¿se puede comer un yogur caducado? Esto es la madre del cordero. Grandes hombres de la historia, como el ex ministro Arias Cañete, han abogado por pasar de la fecha de caducidad e hincarse los yogures… y tienen razón. Con el tiempo aumenta la fermentación, y con ella la acidez, y resulta más difícil que surjan microorganismos contaminantes. Eso sí, el sabor será diferente: más ácido, pero, oye, a lo mejor hay gente a la que le gusta más y todo. Quién sabe si el yogur acidificado no será la delicatesen del próximo siglo…

 

 

Javier Sánchez | Madrid | 26/06/2015

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