Opiniones destructivas, el 'no show' y otras movidas chungas

Opiniones destructivas, el 'no show' y otras movidas chungas

Los restaurantes denuncian: 10 formas de trolearles que no les molan nada

Hoy nos ponemos en la piel de dueños y restaurantes. Si los clientes nos quejamos de un mal servicio, una comida mediocre o precios abusivos en algunos casos, ellos también tienen derecho a poner los puntos sobre las íes: que no somos unos angelitos.

¿Una mesa vacía? Los efectos devastadores del 'no show'.
¿Una mesa vacía? Los efectos devastadores del 'no show'. | Morguefile

"Ponerse en los zapatos del otro" es una frase que está muy bien Y algo que hay que hacer periódicamente. Porque no paramos de quejarnos, de echar pestes sobre restaurantes que no nos molan, que no llegan al nivel que prometen o que nos dan gato por liebre. Pero los hosteleros también tienen su libro de reclamaciones. Denuncian que hay clientes que se comportan como verdaderos trolls. Hablando con varios de ellos, que han preferido guardar el anonimato para que nadie se les eche encima, hemos descubierto cómo les trolean (les troleamos): y que eso no es nada guay. Aquí van las 10 tropelías que se cometen habitualmente contra ellos.

1. El 'no show'. Un problema clásico. "Te llaman y piden una mesa para ocho. No se presentan y llamas al teléfono, pero nadie contesta... Una putada", comenta un propietario de un restaurante en Asturias. Algunos restaurantes como DiverXO han comenzado a cobrar una cantidad significativa por la reserva para asegurarse de que esto no ocurre.

2. El regateo. Varios restaurantes denuncian lo que es una práctica habitual cuando se trata de reservas para grupos más o menos grandes. "Esto no es el zoco, así que no tiene sentido que alguien te llame y te pida rebajar 5 o 10 euros por un menú para grupos que tú ya tienes diseñado en función de lo que cuesta".

3. El uso abusivo del móvil. En general, los restaurantes aún no sufren el síndrome de Heston Blumenthal, que ha pedido a sus clientes que no se levanten de la mesa en plan paparazzi de sus creaciones, ni utilicen flash o trípodes... "Hay veces que tienes que emplatar y son platos frágiles... Y tienes que esperar un rato a que hagan la foto. El plato acaba echándose a perder".

4. El no controlar a las criaturas. "Un restaurante no es una guardería", explica un hostelero madrileño, que asegura que hay padres que dejan a sus hijos hacer y deshacer a su antojo por todo el comedor, llegando a molestar a algunos clientes. Un auténtico martirio para muchos restauradores.

5. Empeñarse en cambiar lo que no se puede cambiar. Sobre esto se puede hacer una antología del disparate: desde clientes que piden el tartar "muy hecho" a comensales que instan al cocinero a "calentar un poquito" el salmorejo. "Es de locos, y tiene que ver con la escasa cultura culinaria que tenemos muchos en este país", cuenta un jefe de sala de un restaurante de Madrid.

6. Ponerse en plan destructor por Internet. Hoy en día, tener un restaurante supone tener que estar mirando constantemente redes sociales, trip advisor varios o páginas de opiniones para informarse de lo que dicen sobre tu negocio. "Todas las opiniones son bienvenidas, pero hay veces que parece que hay un ánimo de hacer daño detrás o aparecen usuarios con una sola opinión y casualmente, negativa, sobre tu negocio".

7. Volver loco al camarero. Las personas que atienden una mesa no son robots y aquí es donde determinados clientes -conocidos también como "el terror de los hosteleros"- pierden su empatía con los camareros y camareras. "Cambian de opinión 60 veces, no se dejan asesorar, piden una bebida y luego la cambian por otra. Todo esto suele hacerlo la misma persona", bromea un camarero de un restaurante cacereño.

8. No respetar los horarios. Algo en lo que coinciden muchos locales es en lo poco que se respeta la hora límite para comer y cenar. "Llegan cuando la cocina está ya cerrada, se lo explicas y se cabrean. A veces, incluso te sueltan '¡parece que no queréis ganar dinero!'. No entienden que hay unos empleados con unos horarios que hay que cumplir".

9. Mentir sobre alergias. El cliente español no suele ser de los que admiten que no le gustan determinadas comidas. "Muchos prefieren simular una alergia antes de comerse algo que les desagrada. No hace falta: si en un menú hay algo que a alguien no le convenza, se quita y ya está. No hace falta mentir sobre ello".

10. No dejar propina NUNCA. "Aunque el servicio haya sido de primera, la comida les haya encantado y sean clientes habituales, algunos jamás, jamás de los jamases dejan propina". Pues eso.

Javier Sánchez @srjaviersanchez | Madrid | 15/03/2015

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