Obras polémicas

Indignación vecinal por las marquesinas inclinadas de O Milladoiro: "Parecen de Pisa"

No es un efecto óptico ni un truco de perspectiva. Tampoco un experimento de arte urbano contemporáneo. En O Milladoiro, en el municipio coruñés de Ames, las recién estrenadas marquesinas de autobús se han convertido en las protagonistas absolutas del barrio.

Imagen de las polémicas marquesinas inclinadas.

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O Milladoiro, un pequeño núcleo urbano, pegado a Santiago de Compostela, acaba de superar una profunda obra de humanización. Aceras más amplias, nuevo mobiliario urbano, carril bici, zonas verdes. Todo pensado para ganar en calidad de vida. Pero el ansiado estreno ha terminado inclinándose hacia la polémica.

Las nuevas marquesinas están torcidas. O inclinadas. O en pendiente. Depende de a quién se le pregunte. Lo cierto es que la inclinación es tan pronunciada que sentarse en los bancos resulta incómodo y, en algunos casos, casi un ejercicio de equilibrio.

"No es cuestión de perspectiva… es cuestión de nivel", explica José, vecino del barrio, mientras saca un nivel de burbuja y lo coloca con gesto didáctico sobre el banco de la marquesina. El resultado es incontestable: la burbuja se va claramente hacia un lado. "Aquí no hay debate posible", zanja.

Otro residente apunta directamente al argumento técnico que se ha dado en algunos corrillos: que las marquesinas siguen la pendiente de la calle. "Nos dicen que van con la cuesta, pero no tiene lógica. Si no quieren poner rectas las marquesinas, que al menos pongan rectos los bancos", protesta.

La escena se repite en varias paradas de la avenida Rosalía de Castro, todas instaladas durante las obras de humanización. Y el descontento ha ido acompañado de ingenio afilado. "Son una obra de arte", dice entre risas un vecino. "Parecen de Pisa", añade otro. "Servirían para el programa ese de Antena 3, Me Resbala. Dejas la bolsa y la pierdes", ironiza una vecina señalando el banco inclinado. Otros son menos diplomáticos: "Es una burrada, una chapuza", sentencia sin rodeos un residente.

Las prisas aparecen como posible explicación. "Todo es fruto de la precipitación", opina otro vecino. "Así se hacen ahora las obras ahora, venga, prisa para entregar y ya no miran", añade. "Ni piensan", remata otro, mientras un tercero se pregunta con sorna: "¿Para qué pensar?".

La palabra chapuza no solo ha salido de boca de los vecinos. Desde el propio Ayuntamiento de Ames reconocen que el resultado no es satisfactorio. El Concello ha confirmado que se han retomado las obras de humanización de O Milladoiro porque no estamos satisfechos con el resultado de algunos remates, como las marquesinas, la mediana, el carril bici o los maceteros. Aunque no hay una fecha exacta para el final de las obras, aseguran que estarán atentos y vigilantes.

Mientras tanto, en el barrio se hace de la necesidad virtud. "Podrían ser una atracción turística", propone un vecino. "Nuestro Ecce Homo particular", bromea otro. "Ya estamos pensando en que pase por aquí el Camino Francés para que puedan admirar las Marquesinas de O Milladoiro", remata entre carcajadas un tercero.

No todos están indignados. Pepe, octogenario y vecino de toda la vida, resta importancia al revuelo. "A mí me gustan", dice satisfecho. "Que están un poco así… bueno, no es para tanto". Rubén, joven usuario habitual del autobús, coincide en parte: "Son especiales. Al final, si no las cambian, se les cogerá cariño".

Mientras los trabajos continúan, y sin pretenderlo, los vecinos de O Milladoiro nos ha dado una buena lección de urbanismo, paciencia y, sobre todo, de sentido del humor.

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