La defensa de Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del crimen del niño de ocho años Gabriel Cruz el 27 de febrero del pasado año en Níjar (Almería), considera a la acusada como responsable de un homicidio por imprudencia grave, por lo que solicita para ella un máximo de tres años de prisión en lugar de la prisión permanente revisable que reclaman, por su parte, la Fiscalía y la acusación particular ejercida por los padres del pequeño.

Así consta en el escrito de defensa, que los abogados Esteban Hernández Thiel y Beatriz Gámez han aportado al procedimiento tras conocerse que la Audiencia Provincial de Almería rechazó su recurso para evitar que la encausada se enfrentara a un tribunal de jurado.

La representación de Ana Julia Quezada enmarca la muerte del menor en el resultado de una disputa y se aleja del crimen planificado que sostienen las acusaciones, de manera que incluso solicita que se le aplique la atenuante de confesión tardía.

En concreto, sostiene que la mujer salió sobre las 15,50 horas desde Las Hortichuelas hacia el cortijo de Rodalquilar para pintar la casa cuando se encontró con Gabriel, quien unos diez minutos antes había salido para dirigirse a casa de unos primos a jugar, pero quien aún estaba "haciendo tiempo" porque era "muy pronto" en el corto camino de tierra que separaba las viviendas.

Según su versión, sugirió al menor que la acompañara al cortijo a pintar, de modo que posteriormente le llevaría de nuevo a Las Hortichuelas para que jugara, a lo que el pequeño habría accedido, subiéndose al vehículo para ir a la citada pedanía, ubicada a unos cinco kilómetros de distancia.

Una vez en el inmueble, la defensa apunta que mientras que Ana Julia abría las ventanas para airear el cortijo, el niño habría cogido "un hacha para jugar", por lo que la acusada le habría pedido que la "soltara" pues "era peligroso y podía hacerse daño".

A partir de ahí, el relato planteado por la defensa incide en que la víctima "entró en la vivienda y le dijo que se callara, que siempre le estaba diciendo lo que tenía que hacer; que quería que su padre estuviera con su madre y no con ella, que era una negra fea; insultándole y negándose a entregarle el hacha".

Le tapó la boca para que "se callara"

Con esto, la representación de la acusada apunta que Ana Julia "intentaba quitarle el hacha, llegando a taparle la boca para que no profiriera más insultos, apretándola con la intención de que se callara" de modo que "tras breves momentos, ya no respiraba".

Incide así la defensa en que la acusada fue "presa del pánico" al comprobar que el menor había fallecido, por lo que se quedó "bloqueada y sin saber qué hacer" así como "incapaz de asumir las consecuencias de lo que había ocurrido".

No obstante, optó por sacar el cuerpo de la vivienda, hacer un agujero en el exterior y enterrarlo junto a un aljibe "a fin de ocultar el trágico resultado". No obstante, el escrito de defensa no hace referencia a los hematomas que presentaba el cuerpo del menor y que fueron destacados en el informe forense como previos a la muerte del pequeño.