Atentados 11-S

"Esto nos va a matar algún día": las secuelas físicas y psicológicas del 11-S, 25 años después

Toda una generación expuesta sigue sufriendo las consecuencias de los atentados terroristas. Las muertes acumuladas por enfermedades tras el ataque ya superan a las víctimas del propio 11 de septiembre.

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Los atentados del 11 de septiembre de 2001 acabaron con la vida de 2.996 personas, incluyendo los 19 terroristas. 25 años después, se calcula que más de 6.000 personas han fallecido por enfermedades derivadas de la nube de polvo tóxico que respiraron cerca de 400.000 ciudadanos en Nueva York. A las secuelas en la salud física se suma un impacto psicológico profundo que persiste en miles de supervivientes.

En declaraciones a Antena 3 Noticias, dos testigos directos ponen rostro a esta tragedia sostenida en el tiempo: Bridget Gormley, cuyo padre, bombero de Nueva York, falleció por cáncer, 16 años después de los atentados; y Mónica Elvira, una superviviente, de padres españoles, que sufrió secuelas físicas e invisibles que marcaron el resto de su vida, y que le robaron, como a otras muchas mujeres, la posibilidad de ser madre.

La nube tóxica del Ground Zero

William “Billy” Gormley fue bombero del FDNY durante 25 años. Su hija Bridget recuerda cómo corrió hacia el parque en cuanto vio lo que sucedía. Cruzando el puente de Brooklyn, presenció el derrumbe de la segunda torre. "Mi padre era un tipo alegre, pero al llegar a casa estaba llorando; fue la primera vez en mi vida que le vi así. Sabía que muchos de sus amigos habían muerto", relata Bridget.

Gormley trabajó durante meses en la Zona Cero, expuesto a altas temperaturas y a una combinación de sustancias químicas y escombros: "Todos los que estaban allí abajo limpiando sabían que eso los iba a matar algún día. No les sorprendía, sabían que no era una cuestión de 'si', sino de 'cuándo'". Aunque les mintieron sobre la seguridad del aire en aquel momento, sentencia su hija, Bridget asegura que aún sabiendo las consecuencias su padre le dijo que lo volverían a hacer.

Dieciséis años después del ataque, a Billy le diagnosticaron un cáncer de vejiga provocado por el aire tóxico inalado. Falleció seis meses más tarde, a los 53 años. Bridget advierte además que la exposición alcanzó a niños que hoy crecen y deben enfrentarse a diagnósticos similares.

Las secuelas invisibles o invisibilizadas

El impacto del 11-S no se limitó a patologías como el cáncer; también dejó secuelas psicológicas y diagnósticos prácticamente invisibilizados. Mónica Elvira tenía 25 años cuando vivió el ataque desde su puesto de trabajo en Nueva York, lejos de sus padres, que estaban en España. Presenció escenas traumáticas que desencadenaron un severo cuadro de ansiedad, migrañas y trastornos gastrointestinales.

"Sentía mucha ansiedad al ver u oír un avión por el rabillo del ojo. Empecé a perder peso de forma espectacular", explica. Tras el impacto, su cuerpo entró en estado de shock y dejó de menstruar. Tiempo después fue diagnosticada con insuficiencia ovárica prematura derivada del shock traumático y la inhalación de aire tóxico.

"Sentí que me estaban robando la posibilidad de ser madre"

Durante 25 años prefirió aislarse del tema, enfrentando además los elevados costes médicos que no cubría el gobierno estadounidense.

Hoy, Mónica busca romper el silencio sobre el impacto en la salud de las mujeres como productora ejecutiva del documental "The Day with No End", una obra íntima que da visibilidad a las secuelas físicas, emocionales y reproducitvas que el 11-S dejó en toda una generación.

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