Desfile Fuerzas Armadas
“España no es esa bandera que se cae, sino el guardia de honor que resiste con entereza cuando le cae encima”
Los vigueses se vuelcan con las Fuerzas Armadas en un desfile histórico marcado por la climatología y un incidente inesperado.

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A las seis de la mañana, cuando Samil apenas comenzaba a despertar, Selita ya ocupaba su sitio junto a las vallas. A su alrededor, decenas de personas hacían lo mismo. Algunas incluso habían llegado dos horas antes. La espera era larga, pero la ocasión lo merecía: por primera vez en la historia, Vigo acogía el acto central del Día de las Fuerzas Armadas. Con el paso de las horas, la avenida se fue transformando. Las sombrillas dieron paso a las banderas de España, las conversaciones a la expectación y los huecos libres a una marea humana que terminó reuniendo a cerca de 100.000 personas, según fuentes municipales.
Apoyo al acto por parte de los vigueses
Familias, veteranos militares, curiosos y visitantes llegados de distintos puntos de Galicia y del resto del país llenaron más de un kilómetro del paseo de Samil para asistir a una cita histórica. «Ha valido la pena madrugar», decía Selita poco después de finalizar el desfile. «He visto a los Reyes, los he visto muy guapos; también a la princesa Leonor. Me ha gustado mucho todo». Sin embargo, como la mayoría de los asistentes, no podía evitar lamentar la ausencia de uno de los grandes atractivos de la jornada. «Es una pena que no hayan podido salir los aviones ni los paracaidistas. Para una vez que viene a Vigo, es una lástima».
Desfile sin exhibición aérea
La meteorología tenía otros planes. Las nubes bajas y el viento obligaron a cancelar toda la exhibición aérea prevista, dejando en tierra a las 70 aeronaves que debían sobrevolar la ciudad y dibujar la bandera nacional en el cielo. La decepción fue generalizada entre el público, que se enteró de la noticia prácticamente sobre la marcha. Pese a ello, cuando pasadas las doce del mediodía comenzaron a desfilar los más de 3.700 integrantes de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil, el ambiente se llenó de aplausos. Vehículos militares, unidades a caballo, motocicletas, perros adiestrados y hasta Baraka, el popular borrego de la Legión, arrancaron sonrisas y fotografías.
Bandera que se cae, guarda de honor la soporta
Suso, que compartió la mañana junto a su esposa, resumía el sentir de muchos vigueses. «Ha sido un día muy emocionante. Ver Vigo así, engalanado con banderas, con tanta gente en la calle, ha sido impresionante». Incluso recordó con especial ilusión un breve gesto de la Familia Real. «La Reina nos saludó. Se les vio muy cercanos y amables». La emoción alcanzó uno de sus momentos más solemnes durante el acto de homenaje a la bandera. Sin embargo, fue entonces cuando ocurrió algo que nadie esperaba.
Mientras el mástil se elevaba, el sistema de enganche falló y la enseña nacional cayó inesperadamente ante la mirada de miles de personas y de las principales autoridades del Estado. Durante unos segundos, el silencio sustituyó al bullicio de la mañana.
«Parecía que todo el mundo aguantó la respiración», recuerda Álex, uno de los jóvenes asistentes. Su reflexión, pronunciada apenas unos minutos después del incidente, terminó convirtiéndose en una de las imágenes más potentes de la jornada. «España no es esa bandera que se cae, sino el guardia de honor que resiste cuando le cae encima», sentenció sonriente.
Instrucciones reales
Lo ocurrido obligó a modificar el protocolo previsto. Tras la caída de la enseña, Felipe VI dio instrucciones para que la Guardia Real permaneciese custodiando la bandera en el lugar donde había sido depositada. En circunstancias normales, la unidad habría abandonado la posición para incorporarse al desfile junto a la bandera que preside el acto. Sin embargo, la decisión del monarca permitió que los guardias de honor continuasen rindiendo honores a la enseña nacional durante el resto de la ceremonia.
Lejos de generar polémica entre quienes presenciaron el momento, la mayoría reaccionó con comprensión. Mayra prefería restarle importancia. «Todo el mundo es humano. Todo el mundo puede equivocarse». Su marido coincidía: «Son cosas que pasan. Fue llamativo, sí, pero nada más». Superado el incidente, el desfile continuó con normalidad. Las bandas militares volvieron a marcar el paso de las unidades mientras los aplausos acompañaban el recorrido. Para muchos asistentes, precisamente ahí estuvo uno de los momentos más especiales.
Este desfile ya es parte de la historia de Vigo
«Lo que más me impresionó fue lo bien organizado que estaba todo», comentaba otra espectadora al finalizar el acto. «Y escuchar el himno, la música militar… es algo que emociona». No todos pudieron disfrutarlo de la misma manera. Elena, por ejemplo, reconocía cierta frustración. Había esperado durante horas, pero la enorme afluencia de público le impidió conseguir una buena ubicación. «Prácticamente no vi nada», lamentaba entre risas resignadas.
A las puertas de las dos de la tarde, los Reyes Felipe VI y Letizia abandonaban Samil tras despedirse de las autoridades. Poco a poco, las miles de personas comenzaron a dispersarse por el paseo marítimo mientras comentaban los momentos más destacados de una jornada que ya forma parte de la historia de Vigo.
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