CAMINO DE SANTIAGO

Ante la avalancha de peregrinos, los locales de hostelería del Camino empiezan a cobrar por el baño: "Mantenerlo tiene un precio"

Un euro por usar el aseo y un torno para controlar el acceso. Es el sistema que empiezan a emplear bares y cafeterías para frenar lo que consideran el abuso de algunos caminantes.

Ante la avalancha de peregrinos, los locales de hostelería del Camino empiezan a cobrar por el baño: "Mantenerlo tiene un precio"

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La escena se repite cada mañana a pocos kilómetros de Santiago de Compostela, en Padrón, en uno de los primeros bares que encuentran los peregrinos al retomar el Camino. Mochilas al suelo, caras de cansancio... y una novedad que no pasa desapercibida: un torno de acceso para usar el aseo. Un euro. Ni más, ni menos.

La medida, que ya empieza a extenderse en algunos puntos del Camino de Santiago, responde, según los hosteleros, a una realidad difícil de sostener. "Llegamos a tener más de cien personas al día usando el baño", explica Luciano Montero, gerente de varios negocios en la zona. "El consumo de agua, papel, gel y limpieza se disparó. Era imposible mantenerlo".

La solución no llegó de golpe. Primero fue una bandeja con pago voluntario. Después, una urna. Pero el sistema fallaba. "La gente hacía como que pagaba y recogía el dinero, o dejaba céntimos… incluso chinchetas", relata. El paso definitivo fue instalar un torno automático en 2025. Se introduce la moneda y se libera el acceso.

No todos los locales aplican el mismo modelo. En algunos, el importe se devuelve si el cliente consume; en otros, como este, se considera un servicio independiente. "La consumición es una cosa y el baño es otra", defiende Montero. "Aquí nadie trabaja gratis. Limpiar un baño seis veces al día también cuesta dinero".

El debate, sin embargo, ya está en marcha entre los peregrinos. Hay quien lo entiende como parte del cambio que vive el Camino. Un caminante llegado desde Canarias lo resume con ironía: "Es un baño, es normal pagar… aunque todo está más caro. El pulpo ya no vale lo que valía", comenta entre risas.

Otros lo aceptan con resignación. Un peregrino sevillano reconoce que "no es lo ideal", pero que al final "hay que respetarlo". En la misma línea, una mujer madrileña recuerda que es algo habitual en otros países: "Tendremos que acostumbrarnos".

Pero también hay rechazo frontal. Desde Extremadura, otra peregrina lo tiene claro: "Me parece fatal, deberían sancionarlo". Más crítico aún se muestra un caminante kosovar: "El Camino ya está más caro, y el agua y el baño deberían ser gratis".

El Camino de Santiago, que durante décadas simbolizó hospitalidad y servicios abiertos, se enfrenta ahora a una creciente presión turística y, por lo tanto, también a costes cada vez más elevados.

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