NUEVO MINISTRO DE SANIDAD

NUEVO MINISTRO DE SANIDAD

Alfonso Alonso, la voz del PP en el Congreso que se pasa al Gobierno

El nombramiento de Alfonso Alonso como nuevo ministro de Sanidad ha pillado a todo el mundo por sorpresa. También a la dirección del PP. El presidente Mariano Rajoy le llamó pasadas las 18 horas. Momentos antes el líder del PP pedía a los suyos que dieran la cara.

Alfonso Alonso Aranegui, nuevo ministro de Sanidad, es un político sin pelos en la lengua. De oratoria directa y en ocasiones vehemente, no es de los que se achican en los debates frente a frente. Lo ha demostrado en los últimos tres años en el Congreso, en el que ha tenido que asumir más de una vez el papel de "malo de la película". Desde noviembre de 2011 ha sido la voz parlamentaria del PP, el partido del Gobierno y para más inri con mayoría absoluta, obligado a defender las políticas más o menos impopulares que ha ido aplicando el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Se ha batido el cobre -casi siempre en la más absoluta soledad- en diputaciones permanentes, en los debates del estado de la nación y en plenos extraordinarios sobre corrupción.

Cada martes también ha sido el encargado de fijar la posición del grupo parlamentario, muchas veces en momentos difíciles, con casos de corrupción acechando en las portadas y en los juzgados. De premio se ha llevado sonoras ovaciones de sus compañeros de bancada, entre quienes levanta admiración. La última vez fue el pasado jueves en el pleno sobre medidas contra la corrupción, en el que hizo una encendida defensa de su antecesora al frente de Sanidad, Ana Mato, antes incluso de que también lo hiciera Mariano Rajoy. Nadie en ese momento podía sospechar que la sustituiría en el cargo. Quizá solo Mariano Rajoy, siempre tan imprevisible en sus remodelaciones de Gobierno. Alavés y vitoriano militante de la quinta de 1967, Alonso no pierde la ocasión de hacer gala de su origen vasco, de su carácter franco, sin eufemismos, alejado de la dialéctica de salón.

"Esto no es el colegio", dijo sin ambages hace unas semanas cuando se planteó el debate sobre los viajes de los diputados. Alcalde de Vitoria de 1999 a 2007, Alfonso Alonso tuvo que sobrevivir, como otros muchos políticos vascos, con la amenaza de ETA, en un momento especialmente duro y en un ambiente francamente hostil. Como primer edil de la ciudad no dudó en enfrentarse con la palabra al silencio impuesto desde hacía lustros por ETA y su diferentes marcas políticas.

El horror del terrorismo lo conoció desde pequeño. En alguna ocasión ha recordado como con doce años, camino de su colegio de los Marianistas de Vitoria, presenció horrorizado el asesinato de Jesús Velasco Zuazola, el entonces responsable de la Policía Foral de Álava. Su compromiso político le llega por vía materna. Su abuelo Manuel Aranegui, fue diputado general de Álava. Aranegui volvió a reunir al Parlamento foral y defendió el Concierto Económico en plena dictadura franquista. Pero la clave de ese compromiso le llegó con el asesinato de Gregorio Ordóñez, un referente en el PP del País Vasco, y modelo para jóvenes militantes como Alonso.

Todo indica que no habrá excesivas sorpresas para sucederle al frente del grupo parlamentario y que habrá continuidad en la dirección del PP. La misión de que quien le suceda en el Congreso seguirá siendo la misma: "bailar con la más fea" e intentar la titánica misión de llegar a acuerdos con la oposición para lo que resta de legislatura, en especial en las medidas para luchar contra la corrupción.

 

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