Después de llevar unos días ya en el pueblo, Raimundo Ulloa tiene el presentimiento de que su amada Francisca está muy cerca. Hay algo que le dice que su esposa no puede estar en otro sitio que no sea Puente Viejo y parece estar dispuesto a encontrarla cueste lo que le cueste.

Aprovechando que Mauricio se encontraba en la casa de comidas, Raimundo se para a hablar con él y contarle sus sospechas. ¿Sabrá algo el capataz de la señora de su paradero? ¿Ayudará a Raimundo en la incesante búsqueda?

Matías lleva muchos días mintiendo sobre los asuntos a los que se dedica cuando no está en la casa de comidas junto a su familia. Marcela ha tenido que mentirle a Raimundo y el hombre se ha dado cuenta de lo descuidadas que están tanto ella como su hija.

En una conversación como las de antes, Raimundo aprovecha para tener un momento a solas con su nieto e intentar que le cuente todas sus preocupaciones. Parecía que todo empezaba bien pero pronto Raimundo pierde la paciencia al saber que su nieto está ocultando muchas cosas. ¡Así ha sido el interrogatorio al que lo ha sometido!

Las noticias que Ramón Solozábal le ha dado a Don Ignacio son las que tanto él como su familia llevaban esperando mucho tiempo. Sin embargo, parece que las cosas han cambiado mucho y ahora ninguna de sus hijas quiere marcharse del pueblo.

Ignacio se reúne con las tres para intentar que entren en razón pero parece que ninguna de ellas está dispuesta a dar su brazo a torcer. Todas quieren quedarse en Puente Viejo por un motivo u otro. Ante esta negativa, Ignacio no tiene más remedio que imponer sus normas y su forma de ver las cosas. ¿Terminarán por irse del pueblo?