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VACUNA A TU MASCOTA

¿Qué puede pasar si no pongo a mi mascota la vacuna contra la rabia?

La rabia existe y es mucho más frecuente de lo que parece. Necesitamos tener a nuestra población canina y felina perfectamente protegida si no queremos otra pandemia.

Veterinario vacunando a un perro

Veterinario vacunando a un perro iStock

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Hoy en día prácticamente todos los propietarios saben que cuando adquieren un perro o un gato, es obligatorio ponerles el microchip. La rebelión comienza cuando sale a relucir el tema de la vacunación antirrábica.

¿Qué es la rabia?

La rabia es una enfermedad vírica que afecta a determinados mamíferos como perros, gatos y algunos animales salvajes. Causa alteraciones en el sistema nervioso central, provocando espasmos neuromusculares, ataques de ira y pánico, fobias (por ejemplo, al agua) y agresividad. Cuando la enfermedad se extiende causa irremediablemente la muerte.

Esta horrible enfermedad también la pueden sufrir las personas. El virus lo adquirimos cuando un mamífero infectado nos produce una herida abierta y entra en contacto algún fluido que contenga el agente patógeno. Como, por ejemplo, a través de una mordedura.

Por suerte, en España la rabia está extinta desde 1966 -salvo en Ceuta y Melilla- gracias a la vacunación de los perros. Incluso en las villas más remotas del país se sabe que hay que vacunar a los perros de la rabia.

El problema viene cuando en las grandes ciudades aparecen las corrientes antivacunas y cuestionan la necesidad de esta vacuna estando ya extinta. Por desgracia, y aún exponiendo los razonamientos que posteriormente explicaré, muchas veces la única manera de convencerles es diciendo que si pillan al perro sin la vacuna al día le pueden poner al dueño una multa de entre 1.500 y 6.000 euros.

¿Por qué es obligatoria la vacuna?

La vacunación de rabia se hizo obligatoria en España hace décadas con el fin de erradicar dicha zoonosis del país. Posteriormente, se dejó que cada comunidad autónoma pudiera regular las obligaciones en cuanto a salud animal de su zona, con el fin de que fueran más específicas con el clima de cada región y, por tanto, con las patologías existentes en ese territorio. Dicha concesión funcionó muy bien con casi todas las enfermedades, salvo con la rabia, que dejó de poderse regular a nivel nacional y pasó a ser de ámbito territorial y con ello nos encontramos a día de hoy con una situación ambigua y poco útil a nivel epidemiológico.

Todas las comunidades autónomas, salvo Cataluña, País Vasco y Galicia, siguen manteniendo como obligatoria la vacuna de rabia. Asturias incluye la salvedad que solo la impone de manera obligatoria en los perros potencialmente peligrosos.

¿Qué hacemos entonces?

La recomendación a nivel europeo y de la OWH (One World Health) es tajante a este respecto: no podemos bajar la guardia. La rabia existe y es mucho más frecuente de lo que pudiera parecer. Necesitamos tener a nuestra población canina y felina perfectamente protegida si no queremos otra pandemia.

La península, aún estando ahora considerada "libre de rabia" por los estados miembros de la Unión Europea, sufre cada año varios casos de rabia canina, por desgracia, también humana.

Cada verano nuestras carreteras sirven de camino entre Marruecos y Francia, ambos países con rabia activa, y algún perro recogido de las calles de esos países se escapa y muerde a otros perros o a quien intenta acercarse a recogerlo. Hace unos años tuvimos conocimiento de varios niños que habían sido atacados en Toledo por un perro con rabia; fueron vacunados y no hubo que lamentar una tragedia mayor.

Este año estamos especialmente en alerta por las mascotas que han entrado con los refugiados de Ucrania, ya que ese país tiene la enfermedad de manera activa y no se ha podido chequear previamente a su entrada los niveles de anticuerpos que tienen, como se hubiera hecho en condiciones normales. Necesitamos que nuestras mascotas estén protegidas; por ellas y por todos los que convivimos con ellas.

¿Y el microchip? ¿Por qué es obligatorio?

La obligatoriedad del marcaje viene también de lejos. Antiguamente, se marcaba mediante tatuaje, pero se vio que era fácilmente alterable por heridas o cirugías. Desde los años 90 se empezó a implantar el marcaje con microchips con el fin de poder censar a toda la población canina existente en un municipio.

Con esta información se consigue controlar el abandono de animales, el control de enfermedades y la existencia de perros callejeros sin dueño que puedan ser un peligro para las personas.

Actualmente, la obligatoriedad de identificación con microchip se extiende a perros y gatos y solo se puede vacunar de rabia a animales que estén identificados con microchip. En el caso de tener una mascota y no tenerla identificada, el propietario puede ser multado con 1.500 - 3.000 euros.

Cuando se decide tener una mascota, se suelen investigar los costes que suponen y a veces se intenta priorizar. Pero determinadas normativas son por seguridad ciudadana y salud pública, ya que hoy en día, nuestras mascotas son parte de la familia y es necesario protegerlas para protegernos.

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