Galicia

De Wisconsin a Oia para conocer dónde terminaron las cenizas de su hermano

Cuando Paul Nichols falleció en 2020 su familia metió las cenizas en botellas que lanzaron al mar. Una de ellas llegó a Galicia y han venido a verla.

Emmale viaja hasta Oia para reencontrarse con algunas de las cenizas de su hermano

Emmale viaja hasta Oia para reencontrarse con algunas de las cenizas de su hermanoCedida por Telemariñas

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Es una historia trágica pero con un final conmovedor. Paul Nichols, un aventurero surfista, perdió la vida en una caída mientras practicaba su deporte favorito en Florida, a los 35 años. Su familia sabía que la voluntad de este joven era seguir navegando por el mundo y fue entonces cuando se les ocurrió repartir sus cenizas en un total de 45 botellas y lanzarlas al mar.

En cada una de ellas, además, iban dos billetes de un par de dólares cada uno y un mensaje en el que se indicaba que se gastasen en tomarse una cerveza en un bar cercano a la playa y se dejase la botella en el negocio "para ser un simpático fantasma de chiringuito con el que se puedan hacer fotos", decía la misiva.

El afortunado que encontró el envase número 44 fue Secundino, un vecino de la parroquia de Mougás, en Oia, tras el viaje de la botella por el océano a lo largo de más de 6.500 kilómetros. "Al principio hasta pensé que era droga, pero al abrirla ya me di cuenta de todo. Fue muy bonito", explica Secundino que, además, no es la primera botella con mensaje que encuentra en la zona.

Este vecino estableció contacto con la familia de Paul y esta semana, tras más de tres años, ha recibido la visita de Emmale, su hermana. Ella viajó desde Wisconsin a Galicia acompañada de su marido, aprovechó para hacer otras paradas, ya que era la primera vez que visitaba España: Santiago de Compostela, Fisterra y, por supuesto, el lugar donde Secundino tiró las cenizas de Paul, tal y como se especificaba en la carta de la botella. "Decía que volviese a tirar los restos al mar, y así lo hice, y luego busqué el chiringuito más cercano para dejar la botella pero aquí no había, así que localicé una tapería, junto al monasterio y pegada al mar, y hablé con el dueño de lo que había sucedido", explica Secundino.

El propietario de la tapearía A Camboa no lo dudó. Diseñó una vitrina que se encuentra en el exterior del establecimiento, con vistas a la costa, y colocó allí la botella y los dos billetes, junto con una historia del recorrido de las cenizas de Paul a lo largo de todo el océano. Su hermana, por fin, ha podido visitarlo esta semana. "Estamos muy agradecidos por lo bien que han tratado a mi hermano. Este altar es un homenaje precioso para Paul. Mi familia, y sobre todo su hija, estaremos eternamente agradecidos", dijo Emmale visiblemente emocionada y con lágrimas en los ojos.

El lugar donde se encuentra la botella se ha convertido en uno de los puntos más fotografiados de la zona, muchos visitantes se acercan para comprobar de primera mano que, en cierto modo, Paul sigue vivo ahí. Su familia cumplió el deseo de este joven surfista, seguir surcando los mares del mundo y, además, cuando Severino encontró esta botella y se lo trasladó a los Nichols, el destino quiso que coincidiese con la fecha del cumpleaños del padre de Paul. "El mejor regalo que pudo recibir", dijo Emmale.

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