TERREMOTOS VENEZUELA
Desesperación entre los venezolanos en España: "Todavía no hemos podido localizar a toda la familia, es terrible"
En España hay unos 400.000 venezolanos, la mayor comunidad de Europa. Hoy viven pegados al teléfono: "No hemos dormido".

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Hoy no se habla de otra cosa en Celanova. Esta localidad de Ourense es el lugar de residencia de muchos venezolanos que han llegado a Galicia buscando una vida mejor, y también es el hogar de quienes hace muchos años se fueron a Venezuela haciendo lo mismo y hoy han regresado a su lugar de origen.
Hoy aquí, al igual que en otro muchos puntos de nuestro país, no se habla de otra cosa porque las imágenes que nos llegan están cargadas de drama. Edificios totalmente destruidos, calles por las que apenas se puede pasar, coches aplastados, y un sinfín de gritos y llantos ante el horror que han dejado los dos terremotos que han azotado el país en las últimas horas.
España cuenta con la mayor comunidad de venezolanos en Europa, unas 400.000 personas que hoy tiene el corazón en un puño. Una de ellas es Jenny. La encontramos hoy en el taller en el que trabaja y nada más llegar la escuchamos explicándole a un cliente que las horas que está viviendo son muy duras. "Acabo de hablar ahora con una de mis primas", nos dice.
Ha podido localizar a su familia y sabe que los más cercanos están bien, pero todavía faltan amigos y conocidos a los que no ha podido escuchar todavía. Ella vive aquí desde hace ocho años con su hijo, todo el resto de su entorno está allá. Se le llenan los ojos de lágrimas al pensar que el país al que tanto ama se ha venido completamente abajo. "Es muy duro. Después de todo lo que llevamos sufrido, ahora esto. Es lo que nos faltaba", asegura.
"Todo se les caía encima por momentos"
Nelsia también lleva ya años en Galicia pero todavía hay una gran parte de su familia en Venezuela. "Una tía mía estaba en un centro comercial y me contaba que de repente todo empezó a temblar y empezaron a desprenderse las paredes. Todo se les caía encima por momentos". Su tía se encontraba dentro de su negocio. Tiendas, restaurantes, empresas de todo tipo, todo reducido a escombro. "Hay mucha incertidumbre", asegura. Son horas en las lo único que hacen es revisar el teléfono y esperar. Esperar una llamada, un mensaje... Sin apenas dormir y con el corazón allá, con los suyos.
Venezuela es uno de los países que más emigrantes gallegos recibió en su momento y, a día de hoy, continúa contando con una gran comunidad, unos 30.000 gallegos según los últimos registros. Elsa y su marido formaban parte de este grupo hace bien poco, regresaron a Ourense hace unos 8 años después de toda una vida. Emigraron cuando tenían apenas 20 años y estuvieron casi 60 en Venezuela. "Llegamos allí muy jóvenes, trabajamos mucho y pudimos montar nuestros negocios poquito a poco", explica Elsa. Su marido llevaba un restaurante, ella una carnicería. También construyeron su casa, donde nacieron sus 3 hijos y donde, recuerda, ha sufrido mucho pero hay sido muy felices. Hoy se ha venido abajo. Vemos con ella uno de los videos que les han llegado y nos señala claramente la que era su casa. "Estaba tal cual la dejé, intacta, preparada para recibirnos. Pensábamos ir en invierno al calorcito de allí, pero ahora ya..."
La casa se ha venido abajo y con ella una gran parte del esfuerzo de toda su vida. Aun así Elsa habla con la serenidad de quien tiene aquí a los suyos, a sus tres hijos a sus siete nietos. "Me duele, pero estamos todos bien y tenemos un techo aquí", valora.
"No hemos podido hablar con todos nuestro parientes aún, es tremendo"
"Es muy muy duro y además todavía tenemos mucho miedo nos dice Noemí", ella trabaja aquí en Ourense en un restaurante y hoy sigue llevando la bandeja aunque piense en un millón de cosas más que en los cafés. Tiene a los suyos allá. "Aquí eso le pasa mucha gente, son muchos los que han llegado de Venezuela o los que han retornado después de la emigración", confirma.
"Hay casos que te sobrecogen. Un chico al que el terremoto pilló en una noria con su hijo pequeño, imagínate la angustia. Las imágenes de los niños, la cantidad de desaparecidos que hay todavía, sin saber nada de ellos". Una vez más también para las lágrimas en los ojos. Se le corta la voz al pensar en la gente de la que todavía esperan noticias, y solo pide una cosa ya, que no se repita. Que no hay más réplicas y que la vida les de un margen para empezar a valorar los daños y recuperarse. "Es tremendo ver todo esto".
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