Guerra en Ucrania

Una infancia bajo asedio: así es ser niño en medio de una guerra en Europa

Más de un tercio de los niños y niñas del país continúan desplazados, miles han resultado víctimas directas de la violencia y el acceso a servicios esenciales como la educación, la salud y el suministro energético sigue siendo insuficiente. Los datos muestran que la crisis se mantiene y trae consecuencias estructurales, humanitarias y generacionales a largo plazo.

Un niño ucraniano camina por la ciudad fronteriza de Medyka, en Polonia

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Han pasado cuatro años desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia en Ucrania. Todos recordamos el llanto de ese niño que huía solo, cruzando la frontera, en una de las imágenes más desgarradoras que nos dio la guerra. Un conflicto también se mide en el miedo que reflejan los ojos de un niño, en pupitres vacíos, mesas sin libros y noches interminables en refugios antiaéreos.

Según datos de UNICEF, hay 2,7 millones de niños desplazados en Ucrania.

"Han pasado de ir a la escuela todos los días a tener que quedarse en casa buscando protección"

Álvaro Fortín

"Hay muchos cambios en el contexto que han afectado a los niños. Han pasado de ir a la escuela todos los días a tener que quedarse en casa buscando protección. Todo esto tiene un efecto tremendo en el aprendizaje, pero también en la parte emocional", cuenta a Antena 3 Álvaro Fortín, el responsable educativo para programas de recuperación del aprendizaje en Ucrania. "Hay niños que ni siquiera han tenido la oportunidad de escolarizarse en un contexto regular". Se refiere a los niños que acababan de nacer el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia anunció su invasión terrestre.

Le preguntamos a Álvaro en qué se traducen, a nivel cognitivo, los efectos negativos que les deja la guerra: "Desde dificultades para saber cómo interactuar con otros niños hasta problemas asociados con la depresión o la desesperanza", explica. "Hay que tener en cuenta que en la mayoría de las escuelas la interacción sucede debajo de tierra, en sótanos refugio improvisados como aulas para que allí los niños reciban clase".

Más de 1.700 escuelas han sido dañadas o destruidas

Ahora mismo uno de cada tres niños no puede asistir a clases presenciales a tiempo completo. En algunos casos, las lecciones se trasladan a plataformas digitales inestables. Otra de las cuestiones que apunta Álvaro es el tema de las alarmas: "Pueden tener más de 10 avisos de alarma al día, que interrumpen sus actividades, ya sean lúdicas o educativas. Cada una de estas alarmas eleva el nivel de estrés de los niños".

Otro de los objetivos rusos más recurrentes, sobre todo este último invierno, ha sido el ataque a la infraestructura energética ucraniana. Ha habido localidades que podían pasarse días enteros sin luz, agua caliente o calefacción, mientras las temperaturas bajaban hasta los veinte grados bajo cero. Para los niños pequeños esta falta de servicios básicos ha supuesto un riesgo directo para su salud y su desarrollo.

Hay encuestas recientes publicadas por UNICEF que indican que uno de cada cuatro adolescentes afirma haber perdido la esperanza en su futuro dentro del país. "La tendencia que vemos en Ucrania es que hay un deterioro mayor, no solo hay más refugiados, sino que cada año las familias ucranianas tienen menos niños", afirma Álvaro Fortín.

Ucrania camina ya en el quinto año de guerra y, aunque las heridas físicas son muchas, también se han roto miles de trayectorias vitales. Cada infancia pausada, cada familia separada y cada sueño roto cae encima de una sociedad que vive congelada en ese 22 de febrero.

La reconstrucción futura del país no dependerá solo de cuán grande y fuerte sea su infraestructura, sino también de la capacidad de devolver la seguridad y la esperanza a una generación que se está haciendo mayor bajo el ruido constante y arrollador de las bombas.

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