Guerra Irán
Un canario, atrapado en Dubai: "Cayó un dron cuando estábamos comiendo en una terraza"
Un viaje que comenzó como una estancia profesional en Emiratos Árabes Unidos se ha transformado en una experiencia marcada la incertidumbre y el sonido constante de las explosiones

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Carlos García Almonacid estaba alojado a unos cinco kilómetros de la conocida Palmera de Dubái. Había viajado a este enclave estratégico del Golfo Pérsico con un objetivo claro: hacer negocios. Junto a otros empresarios, tenía previstas varias reuniones para generar sinergias con Canarias. Sin embargo, el sábado por la noche, la rápida escalada de violencia entre Israel, Estados Unidos e Irán truncó esos planes y los dejó atrapados en uno de los principales núcleos urbanos de Emiratos Árabes Unidos.
Desde allí relata cómo vivió en primera persona un ataque que cambió por completo su percepción de seguridad en la ciudad, aunque subraya que, en términos generales, considera que no corre peligro.
Antes de viajar, Carlos era consciente de que la situación internacional no era tranquila. “Éramos conscientes de que había tensión en Oriente Medio, pero lleva habiendo tensión muchos, muchos meses”, explica. Una realidad que, hasta ese momento, formaba parte del contexto habitual de la región y que no hacía presagiar un episodio de violencia directa en Dubái.
Un objeto cae del cielo y comienza una estampida
“Estamos comiendo en una terraza de un restaurante junto a la famosa fuente del Burj Khalifa y cae un dron. No sé si es un dron o un resto de un misil, pero cae, hace un impacto fuertísimo”. La escena provoca “una pequeña estampida”, la aparición inmediata de “una columna de humo” y un despliegue policial que confirma que algo grave está ocurriendo. “Esa es la primera noticia que nosotros tenemos de que ha habido un ataque sobre Dubái”, señala.
Tras el impacto, la ciudad cambia de ritmo. “Se empiezan a ver más luces en el cielo, hay movimiento de aviones militares y ya decidimos regresar al hotel”. Desde ese momento, la amenaza se hace visible. “Empezamos a ver incluso que están interceptando misiles. Vemos los impactos, vemos los restos caer”, relata, describiendo una situación que se prolonga durante horas.
La noche es especialmente dura. “Empiezan a escucharse muchas detonaciones en el cielo” y los restos de drones y misiles interceptados caen sobre la ciudad. El miedo se instala cuando suenan las alertas. “Se activan todas las alarmas, empiezan a sonar todos los móviles. El mensaje es bajar rápidamente a refugio, ataque de misil”. Carlos lo resume con claridad: “Es el primer impacto real de estar en una zona de riesgo”.
Calma, aunque siguen las explosiones
“Todos los días hay detonaciones en el cielo, se escuchan pasar los aviones militares continuamente”. Aunque en las últimas jornadas la actividad ha disminuido, aún se producen episodios puntuales. “Nos hemos despertado como a las nueve de la mañana con una serie de explosiones fuertes, aunque solo ha durado unos minutos”.
A la tensión se suma la incertidumbre económica y logística. “Estamos pagando nuestras estancias en el hotel que vienen a partir de ahora, porque ya no deberíamos estar aquí, y las dietas también”. Les han pedido que guarden facturas, pero el futuro inmediato sigue sin resolverse. “Hasta que no esté garantizada completamente la seguridad aérea, no va a salir de aquí ni va a entrar ningún avión”.
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