Este lunes se celebrará el debate de investidura de Pedro Sánchez. Si los socialistas lo consiguen, tendrán el apoyo de Podemos, regionalistas cántabros, Compromís y quizá del PNV.

Este sería el resultado de tres meses de idas y venidas. Sobre todo con Podemos. Su historia comenzó hace un par de veces, cuando se vieron por primera vez en Moncloa y pareció que había buena sintonía.

Pero en las elecciones locales del 26 de mayo Podemos cae estrepitosamente y la cosa cambia. Podemos apuesta por un Gobierno de Coalición pero desde el PSOE apuestan por que podemos ocupe cargos intermedios pero no ministerios.

A partir de ahí empieza un tira y afloja que dura semanas, hasta en cinco ocasiones se han reunido Sánchez e Iglesias en estos tres meses. Y en todas ellas Iglesias ha pedido estar en el Gobierno.

"Hay una cierta obsesión del PSOE por los sillones que no quiere soltar ni medio julio", aseguraba Iglesias. Tras estas tensiones, la negociación se enrroca y roza la ruptura. Finalmente, Iglesias convoca una consulta entre sus bases. Las bases respaldan el gobierno de coalición que quiere Iglesias. Y cuando ya casi todos daban la investidura por perdida, Iglesias da un paso al lado.