Pedro Sánchez tomó posesión como nuevo presidente del Gobierno de España el sábado 2 de junio. Ocho meses y medio después, se ha visto obligado a convocar elecciones.

Todos los líderes y portavoces políticos se han apresurado a subrayar que están preparados para la convocatoria, pero en el Gobierno y el PSOE esperan que la decisión de adelantar a abril pille con el pie cambiado a las demás formaciones, que estaban centradas en los comicios de mayo. Sobre todo al PP, que en los últimos días no ha escondido su deseo de que Sánchez apostase por el superdomingo y no creía que el presidente fuese capaz de acortar su estancia en la Moncloa para convocar comicios.

Tras una semana en la que Sánchez y sus colaboradores más cercanos han manejado varias fechas -también el 14 de abril o el 26 de mayo para celebrar un superdomingo-, el presidente ha despejado la incógnita vendiendo el día 28 de abril como una "buena fecha" que permitirá "hablar de España y no mezclar debates".

Sánchez, además, ha dejado claro cuál va a ser su estrategia para esta campaña, la de presentarse como la opción "moderada" frente la "crispación" de las derechas plasmada en la ya famosa "foto de Colón", la que unió a los líderes del PP, Ciudadanos y Vox en una manifestación contra él y su diálogo con el independentismo. Y aunque esas conversaciones han fracasado, ha defendido el diálogo como la vía para resolver los problemas. "Siempre, siempre, siempre", ha repetido.

No ha querido especular sobre con quién está dispuesto a pactar tras los comicios si quiere volver a la Moncloa, pero sí ha reprochado -en un mensaje implícito a Ciudadanos- que haya quien le ponga un cordón sanitario a él y no a la ultraderecha.