Desinformación
El 64% de los bulos sobre empresas llega a través de las redes sociales
El informe 'Desinformación y empresas: una tormenta perfecta', elaborado por Prodigioso Volcán, destaca que el 85% de las empresas considera que la desinformación es un riesgo, pero dos de cada tres no tienen un protocolo específico para hacerle frente.

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La desinformación se ha convertido en una poderosa amenaza para las empresas, capaz de erosionar reputaciones, alterar decisiones de negocio y abrir grietas internas.
Según el informe 'Desinformación y empresas: una tormenta perfecta' elaborado por Prodigioso Volcán, el 85% de las empresas ya considera la desinformación un riesgo claro, pero solo la mitad de los directivos la aborda como una cuestión estratégica, lo que revela una preocupante brecha entre percepción y acción.
Esta carencia a la hora de hacerle frente con la extensión del fenómeno. Seis de cada diez empresas han sufrido episodios de desinformación en los últimos 24 meses, y en tres de cada diez casos las noticias falsas han tenido un impacto directo en su reputación. La erosión de la confianza afecta a la relación con clientes, inversores, proveedores y empleados, y termina condicionando ventas, precio en bolsa y licencia social para operar.
El impacto de los bulos
Este informe también constata que el entorno digital es donde más se propagan estos bulos. Un 64% de la desinformación sobre empresas llega a través de redes sociales, que pasan a ser una autopista para rumores, campañas coordinadas y contenidos manipulados. Además, cuatro de cada diez compañías detectan ataques reputacionales organizados, lo que confirma que no se trata solo de malentendidos espontáneos, sino de ofensivas planificadas que utilizan la viralidad y la emocionalidad.
Por otra parte, preocupa a casi la mitad de las empresas la difusión de rumores y la desinformación dentro de la propia organización. Comentarios sobre decisiones impopulares, condiciones laborales o conflictos concretos pueden degenerar en narrativas paralelas que dañan la cohesión y la confianza en la dirección. Cuando ese caldo de cultivo interno se mezcla con la exposición externa en redes, la 'tormenta' se multiplica.
La irrupción de la inteligencia artificial añade más complejidad a este panorama. Entre un 27 y un 30% de las empresas percibe ya los contenidos generados con IA como un nuevo factor de riesgo, especialmente en forma de deepfakes que suplantan la imagen o la voz de directivos para difundir mensajes falsos o incluso perpetrar fraudes económicos. La IA permite producir y replicar bulos a gran escala, con formatos cada vez más verosímiles y difíciles de desmentir a tiempo.
La respuesta de las empresas
Pese a todo, dos de cada tres no cuentan con protocolos específicos para hacer frente a la desinformación y un 55% carece de sistemas de monitorización o detección de bulos. Una de cada cinco admite no estar preparada para anticipar, detectar y gestionar estos episodios, y solo un tercio considera que su respuesta frente a las noticias falsas es “muy eficaz”. La consecuencia es que cada crisis se gestiona como un caso aislado, sin aprendizaje acumulado ni marcos de actuación consolidados. "La mentira es un arma geopolítica más y las empresas deben ser conscientes de que no solo afecta a su reputación, también a su negocio", señala Álvaro Medina, director de contenidos de Prodigioso Volcán.
El Foro Económico Mundial cifra en decenas de miles de millones de euros las pérdidas bursátiles y las malas decisiones financieras asociadas a la desinformación dentro de las empresas. Reseñas falsas, campañas de desprestigio, suplantaciones de identidad o rumores internos pueden traducirse en caídas de cotización, fuga de talento, procesos judiciales o boicots de consumidores.
Ante este escenario, el informe insiste en que la desinformación ya no es solo un problema de comunicación, sino un reto de liderazgo y gobernanza, y la respuesta no puede limitarse a apagar incendios.
Integrar este riesgo en los mapas corporativos, desplegar sistemas de monitorización basados en IA, formar a la plantilla en alfabetización mediática y definir protocolos claros de detección, evaluación y respuesta deja de ser opcional para convertirse en una condición de supervivencia. Porque en la era de la “tormenta perfecta”, la reputación y el negocio se juegan, cada vez más, en el terreno resbaladizo de la verdad.
Presentación del informe 'Una tormenta perfecta'
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