Blur en el Primavera Sound

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PRIMAVERA SOUND | TERCERA JORNADA

Blur cumplen en una noche apoteósica

Blur llegaba al Primavera Sound como la banda en la que más ilusiones había puestas y no han defraudado a las casi 15.000 personas que han disfrutado del concierto de los reyes, ahora ya no hay competición que valga, del brit pop. Una noche llena de éxitos y energía en la que el público lo dió todo con la banda londinense.

Carreras entre los rezagados cuando en el escenario Heineken comenzaban a sonar los primeros sones de "Boys and Girls", una autoafirmación musical de la que han disfrutado varias generaciones de jóvenes, alguna de ellas bastante entrada ya en los cuarenta. Blur, que llevan girando desde que decidieron darse una nueva oportunidad en 2009 con la recordada actuación en Hyde Park, ha ofrecido un concierto entonado, en el que han apostado a la que han podido por un muro de guitarras y agitación en temas como "Beetlebum" o "Popscene". Damon Albarn, que ha mutado de aquella apariencia cándida de post-adolescente por una más rockera imagen de continua post-resaca, sigue manteniendo buen timing para un repertorio lleno de hits, aunque el público ha agradecido con júbilo la aportación de Graham Cox a "Coffee&TV".

Damon Albarn durante el concierto

Hacer sonar seguidas "Country House" y "Parklife" ha desatado la locura, quizás porque la vertiente más feliz de Blur es la que más seguidores tiene entre la muchachada, menos adicta a los punteos de lucimiento de guitarra. Tras la elegante versión de una canción ya de por sí elegante "The Universal", el cuarteto de Colchester ha cerrado con "Song 2", su canción más punk y anómala, un concierto completo y resultón.

Hasta los topes estaba el mismo escenario Heineken, el más grande del recinto, para acoger a otros veteranos aunque de una generación anterior, más oscura y menos beatlemanaica: los escoceses The Jesus and Mary Chain, que en su vuelta a Barcelona han sonado especialmente ruidosos, piropo para una formación que hizo de ello marca de la casa.

Sobre el escenario, una gigantesca cruz de leds con pocas pretensiones de irreverencia, mientras la voz del talludito Jim Reid afrontaba de forma digna temas como "Snakedriver", "Between Planets" o "Reverence" rehuyendo al principio el álbum "Psychocandy" aunque luego se ha congraciado interpretando el deseado "Just like honey". El concierto del jovencito James Blake, el niño bonito del dubstep inglés -guapo, alto, flequillo de impresión, con éxito...- les habrá parecido a algunos de los presentes lo que se dice un corta rollos elitista. Este pianista de formación clásica, reconvertido para el lado oscuro de la electrónica es desde luego un pequeño genio del sampler las mezclas extrañas, pero su propuesta, resulta en exceso íntima para la una de la madrugada.

Pero composiciones, hay que llamarlas así, como "Limit to your love" o "The wilhelm scream", son piezas más que redondas. Los afortunados que han podido entrar en el selecto escenario del auditorio estaban en una nube por el concierto ofrecido por la tarde por Daniel Johnston, algo más que un músico, un ser sensible por encima de todo, capaz de transmitir infinita melancolía con sus imperfectas interpretaciones acerca de la desolación y los desvaríos.

La belleza se crea en los cerebros más inesperados, incluso, o quizás por ello, en aquellos golpeados por la enfermedad. Las horas más intempestivas de la madrugada daban cobijo a otra pareja de hermanos (y van muchos en este festival) en concreto, los Dreijer, Karin y Olof, o "The Knife", que seguramente, por la hora y para no jugársela, se decantarán por su versión más bailable.

Mañana sábado, fin de fiesta en el recinto del Fórum, será el turno de Nick Cave & The Bad Seeds, My Bloodie Valentine, Hot Chip, Cristal Castles, Liars, Apparat o Dexys entre los nombres extranjeros y Los Planetas -que celebran los 15 años de Una semana en el motor de un autobús-, Hidrogenesse o Antonia Font, entre los nacionales, aunque la oferta asciende a una cincuentena de actuaciones.

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