La brutalidad del crimen conmocionó a la sociedad de aquella época. Iria y Raquel acabaron con la vida de Klara despiadadamente. Le asestaron 32 puñaladas, la degollaron y le golpearon la cabeza contra el suelo.

Una de las detenidas, Iria cursó estudios de psicología en el centro de menores en el que fue internada tras el crimen. Años después esta joven sería puesta en libertad y buscaría trabajo en una escuela primaria de Oxford (Reino Unido).

Sus responsables no supieron de los antecedentes penales de la joven, ya que la justicia española los había borrado de su expediente una vez cumplida su estancia en el centro de menores.

Este descubrimiento ha causado una gran conmoción entre los padres de los niños con los que estuvo Iria, que ejerció de profesora auxiliar del centro.