Hannah Powell es una británica cuya vida cambió en solo unas horas hace ahora tres años. La joven había salido a tomar unas copas junto a unas amigas durante sus vacaciones en Grecia. Al regresar a su habitación del hotel se sentía exhausta pero pensaba que se debía a la resaca del alcohol.

Sin embargo su malestar no se debía a una simple resaca: Hannah Powell había bebido un vodka mezclado con etanol que dañó sus riñones y afectó a su visión.

Hannah se despertó pensando que las luces estaban apagadas por lo que sugirió a sus amigas que abrieran las cortinas pero estas le dijeron que ya estaban abiertas. "Pensé que estaban bromeando, así que me levanté para encender la luz. Fue entonces cuando empecé a entrar en pánico porque me di cuenta de que la luz estaba encendida y yo no podía ver nada", explica en una entrevista en la BBC.

Las amigas de Hannah la llevaron al hospital de Middlesbough pero ella pensaba que alguien la había secuestrado: "No sabía por qué no podía ver. Pensé que había algo alrededor de mis ojos, de mi cabeza. Recuerdo haber contestado el teléfono a mi padre y me decía que no me preocupara, que estaba de camino y recuerdo esconder mi teléfono debajo de mi axila porque pensaba que me lo iban a quitar", confiesa.

Las pruebas que le hicieron en el hospital revelaron que la joven se había intoxicado con etanol y llegaron a la conclusión de que el vodka que había bebido había sido mezclado con esta sustancia. Sus amigos también enfermaron, aunque ellos solo sufrieron calambres y molestias en el estómago.

"Aparentemente las mafias lo mezclan en el bosque y lo venden a los bares por poco dinero", explica Hannah, que alerta a los turistas para que no corran peligro.

Unas semanas después del incidente Hanna regresó a Reino Unido, donde tuvo que adaptarse a su vida sin vista. El etanol también había afectado a sus riñones, lo que hizo que la joven tuviera que pasar casi 18 meses en diálisis hasta que su madre le pudo donar uno de sus riñones.

La joven asegura que con el tiempo su vista ha pasado de ser "completamente negra" a "muy nebulosa" y que trabaja duro para poder hacer las cosas por sí misma. Ahora está a la espera de conseguir un perro guía que le otorgue más independencia.

"Solía levantarme y me olvidaba de que había perdido la vista. Iba a prepararme y me daba cuenta de que no podía encontrar mi maquillaje ni mis planchas. Son pequeñas cosas como hacerte un té: ahora no soy capaz de encontrar nada", lamenta la joven, que cuenta que tres años después de lo sucedido nadie ha asumido la responsabilidad y que todavía se vende alcohol adulterado.