Pasajeros clandestinos atraviesan el norte de Grecia dentro de un viejo tren de mercancías. Viajan entre vagones para poder saltar rápido después de haber recorrido medio mundo para llegar al país heleno, su primera etapa europea.

"En Afganistán hay guerra y muchos problemas. Están los talibanes y el Daesh", asegura Ambia, uno de los inmigrantes.

Rahman ha pasado los últimos 9 meses en Grecia. Desesperado ha escapado de los campamentos. Quiere llegar a Francia o Alemania. En Kabul ha dejado a su esposa y sus cuatro hijos. Dice que no tiene comida, ni casa. Quiere ir a otro país.

Estos días dormirán en vagones abandonados de una vieja estación cercana a Tesalónica. Aquí, muchos esperan a que pasen los trenes de carga que van hacia Macedonia. Es la puerta a Serbia y de allí a la Europa rica.

El grupo salta del tren antes de llegar a la frontera. Intentarán entrar por el bosque para evitar a la policía.

En las islas griegas siguen hacinados casi 24.000 migrantes y refugiados y cada vez son más. El pasado agosto 9.000 personas llegaron al país por mar y tierra, la cifra más alta de los últimos 3 años.