PP-VOX

Los resultados de Aragón marcan el inicio de un nuevo pulso político entre PP y Vox

El pulso de la extrema derecha tras las urnas abre un escenario incierto que trasciende Aragón y mira ya al conjunto de España.

Feijóo

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La noche electoral del domingo en Aragón dejó una lectura que parecía evidente: el entendimiento entre Partido Popular y Vox se daba prácticamente por hecho. Una conclusión que se extendió de forma automática a otros territorios con resultados similares, como Extremadura. Sin embargo, apenas 48 horas después del cierre de las urnas, ese escenario ha empezado a resquebrajarse.

El punto de inflexión ha llegado cuando Vox ha anunciado que votará en contra de la investidura de la candidata del PP en Extremadura. El motivo es claro: María Guardiola no está dispuesta a presidir un gobierno condicionado por la aplicación del programa de Vox. La extrema derecha, que ha crecido con fuerza en las urnas, sigue siendo la tercera fuerza política, pero exige ser tratada como algo más.

El PP marca límites y Vox responde

La dirección nacional del PP ha defendido desde el primer momento que Vox debe ocupar el lugar que le otorgan los resultados.

Así lo trasladó Alberto Núñez Feijóo, que insistió en que su partido pretende tratar a Vox "exactamente como lo que es": la tercera fuerza. Un mensaje que buscaba fijar una línea clara antes de iniciar cualquier negociación.

No mucho después, la propia María Guardiola dejó claro que no asumirá todas las exigencias planteadas por Vox como condición para facilitar su investidura. Sus palabras fueron interpretadas por la formación de Santiago Abascal como una negativa frontal, lo que ha llevado a Vox a anunciar un voto negativo "rotundo" a la investidura.

El movimiento no es nuevo. Vox ya recurrió a esta misma dinámica en 2024, cuando decidió romper todos los gobiernos autonómicos de coalición con el PP. La estrategia responde a una lógica clara: elevar al máximo sus exigencias con el objetivo de forzar concesiones o, en su defecto, marcar perfil propio frente al PP.

Desde Vox no esconden su ambición a medio plazo: sustituir a la derecha tradicional, una evolución que ya se ha producido en países como Francia o Italia. Con ese horizonte, la formación mantiene intactas sus propuestas más duras y muestra poca disposición a ceder.

El crecimiento de Vox no garantiza estabilidad a los gobiernos del PP y, lejos de facilitar acuerdos, puede convertirse en un factor de bloqueo. La noche electoral invitó a pensar en pactos rápidos. Dos días después, la realidad política es mucho más compleja.

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