Entrevista

Lorenzo Silva: "Campins no es un héroe militar temerario, es un hombre que en la guerra aprende el valor de la vida humana"

El escritor madrileño Lorenzo Silva presenta en Granada 'Con nadie', una novela que reconstruye la trayectoria del militar Miguel Campins, forjado en las campañas de Marruecos y fusilado tras negarse a secundar el golpe de 1936, pese al fallido intento de indulto promovido por Francisco Franco.

Lorenzo Silva

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La nueva novela de Lorenzo Silva llega hoy a las librerías y Granada ha sido la ciudad elegida para su puesta de largo. 'Con nadie' se adentra en la figura poco conocida del general Miguel Campins, militar culto, fiel a sus principios y profundamente marcado por el sentido del deber, cuya vida atravesó algunos de los episodios más decisivos de la historia contemporánea de España, desde las campañas en el Rif hasta la dictadura de Primo de Rivera y los años turbulentos de la Segunda República, hasta desembocar en el trágico verano de 1936, cuando el alzamiento militar acabaría costándole la vida por mantenerse fiel a su conciencia, a su palabra y a la responsabilidad hacia los hombres bajo su mando.

La entrevista completa

Pregunta: Ha contado que la historia de Miguel Campins llegó a usted a través de su nieto durante la presentación de Recordarán tu nombre. A medida que fue conociendo al personaje, ¿Qué rasgos le resultaron más reveladores?

Respuesta: Este personaje tiene muchos rasgos para mí interesantes, pero digamos que tiene tres principales: que es un personaje secundario, no es un personaje central de la historia; es un perdedor, es alguien que realmente lo pierde todo... Está en el peor momento, en el peor lugar posible y desde la peor posición en la que se puede estar. Es un hombre que combina un carácter de hombre de acción, porque hace la guerra durante muchos años en Marruecos, pero al mismo tiempo es un hombre que estudia, que reflexiona, que piensa… Es un hombre que recapacita, que razona... No es un héroe militar temerario, que se lanza contra el enemigo sin importarle a cuántos matan y cuántos mueren; es un hombre que en la guerra aprende el valor de la vida humana, y sobre todo el valor de las vidas humanas que tiene a su cargo. Durante toda su carrera él intenta causar el menor daño posible. A mí esa mezcla de heroísmo clásico y de heroísmo civil fue realmente lo que me atrajo.

P: ¿Cómo consigue conservar Campins el mando de comandante militar en Granada durante tres días?

R: Habla con el gobernador civil para que se contenga la situación, para que no movilicen las milicias, no se repartan armas... Por ejemplo, en Motril hay una columna de militares de aviación que son republicanos, que están huyendo de Granada, y que se encuentran con un pelotón de la Guardia Civil, apenas 12 guardias civiles. El jefe de los guardias civiles le llama y le dice: "Miren, aquí los militares de aviación de Granada huyendo hacia Murcia, ¿qué hacemos?". Pues si hubiera sido otro, a lo mejor habría dicho: "Detenedlos". Pero, claro, lo que él hizo fue preguntar: "¿Cuántos sois?". "Doce". "¿Cuántos son ellos?". "Setenta". "¿Y qué armamento traen?". "Ametralladoras"... Decide dejarlos pasar y no matarlos. Las familias de estos militares tienen que estar muy agradecidas a Campins. Todo lo hace desde la Capitanía General, donde pasa sus días en Granada. Cuando lo destituyen y al final lo arrestan, se queda solo y poco después de quedarse encerrado empieza a escuchar los primeros disparos, lo que él intentó evitar.

P: Ha tenido que llevar a cabo un riguroso trabajo en fuentes documentales sobre Miguel Campins, pero ¿qué papel ha desempeñado la memoria oral de su familia en la reconstrucción de su historia?

R: Un papel muy importante. Otro material vital para mí ha sido su vida personal, su vida familiar: una mujer de la que se enamora y con la que se casa, y con la que tiene cinco hijos, de los que pierde a dos. Toda esa vida familiar no está en los archivos, no está en las hojas de servicio, no está en los sumarios judiciales; esa vida está en la memoria oral de la familia. Y haber contactado no solo con su nieto, sino también con su nieta, que además es la hija de su hija, es la receptora final de la memoria oral de las mujeres de la familia. Lo que las mujeres guardan en la memoria no es lo que está en los archivos; a veces no tiene nada que ver, pero sirve para entender a ese hombre que aparece en los archivos, sirve para entender por qué ese hombre toma las decisiones que toma y qué es lo que le acompaña mientras está en las encrucijadas históricas. Tiene una familia con la que no pasa todo el tiempo que querría y con la que siente que está en deuda, por haber antepuesto su deber como militar al cuidado de los hijos.

P: Mientras se iba adentrando en la vida de Campins, ¿Qué es lo que más le sorprendió?

R: Me sorprendió cuando me encontré con sus textos, donde se ve su personalidad, se ven sus lecturas,en el caso de Campins eran muchas, y se ve que tiene, incluso te diría que en algunos momentos, una maestría en el uso del lenguaje. Al final de sus últimos días lleva un diario y hace una especie de resumen de hechos para poder defenderse ante el Consejo de Guerra. Y pensar que son las notas y las cartas que está escribiendo un hombre casi en la antesala de la muerte, y la serenidad, la claridad, la expresividad con la que escribe.

P: ¿Por qué este título ´Con nadie´?

R: Precisamente lo extraigo de los papeles de Campins, cuando habla de los militares muy de derechas que están muy comprometidos con el golpe, y de militares muy de izquierdas que están comprometidos con la República, y dice: "yo no estoy comprometido con nada y con nadie". Ni con unos ni con otros; estoy comprometido solo con mi deber de militar. No tengo que jugar ni con la revolución ni con salvar a la patria. Él no puede unirse sin más a la rebelión porque no cree en eso de que los militares vayan a salvar a la patria.

P: Campins coincidió con Francisco Franco

R: Sí, Campins y Franco se encuentran una y otra vez, entre 1911 y 1936. Se encuentran en la zona del Kert, en Melilla, en Alhucemas, en la Academia de Zaragoza, donde Franco es el director y Campins es el subdirector... Y se vuelven a encontrar en Sevilla en 1936, cuando a Campins lo detienen para juzgarlo. Franco está en ese momento de paso por Sevilla. Tienen el uno por el otro un respeto profesional, que yo no creo que sea una amistad profunda ni una confianza estrecha, pero sí un respeto recíproco. Yo creo que Franco, que no es un hombre muy propenso ni a la piedad ni a renunciar a sus intereses por otro, debe sentir que con Campins se está cometiendo un atropello y que él tiene el deber de hacer algo. Franco le manda dos cartas a Queipo de Llano y le pide que se le exonere de esa condena. La primera la lee y la rompe, y la segunda la rompe sin leerla. Y al emisario le dice que no le mande más cartas, que la decisión que ha tomado con Campins es la que es y que es lo que va a pasar. Y ahí queda la cosa. La familia Campins dice que Franco podía haber hecho más.

P: Esta historia también conecta con Federico García Lorca

R: Campins es un personaje menos conocido, pero hasta ahí hay una pequeña conexión. El mismo día que Campins es fusilado en Sevilla, el 16 de agosto a las 6 de la mañana, esa misma tarde detienen en Granada, en la casa de los Rosales, a García Lorca. Son dos víctimas de la misma sinrazón, de la misma barbarie, de la misma desgracia nacional. Yo estoy convencido de que si Campins hubiera logrado sostener la situación... hubiera conseguido mantener el mando y que Granada no se sublevara, desde luego a García Lorca no lo habrían matado. Campins era un hombre culto, leído, que iba al teatro; incluso había ido a alguna obra de García Lorca. Creo que si, incluso después de declarar el estado de guerra, Campins hubiera conseguido más o menos dirigir la situación, habría salvado seguramente su vida también. Ya digo, esto es una hipótesis que tiene el valor que tiene, ¿no?

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