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CRIANZA RESPETUOSA

¿Por qué no son efectivos ni recomendables los castigos y premios a nuestros hijos?

Cuando castigamos, se activan las zonas inferiores del cerebro de los niños, las cuales detonan tres posibles reacciones: ataque, huida o parálisis.

¿Por qué no son efectivos ni recomendables los castigos y premios a nuestros hijos?

¿Por qué no son efectivos ni recomendables los castigos y premios a nuestros hijos? iStock

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La disciplina tradicional ha usado los castigos y premios como parte esencial del control que se ejerce sobre los niños. Sin embargo, la crianza respetuosa nos muestra diferentes consecuencias negativas al poner en práctica estos métodos.

Los castigos en la infancia

Os propongo que recordemos nuestra infancia: ¿qué pensábamos y qué sentíamos cuando nos castigaban?, ¿en algún momento agradecimos el castigo porque nos dimos cuenta de que con esa decisión habíamos aprendido a hacer las cosas mejor?

Como padres, esa es la intención: buscamos que nuestros hijos aprendan. Pero cuando castigamos, se activan las zonas inferiores del cerebro de los niños, las cuales detonan tres posibles reacciones: ataque, huida o parálisis; pero en ningún caso, aprendizaje.

Dos preguntas antes de castigar

Cualquier papá o mamá al que le preguntes por qué ha castigado a su hijo, seguramente responderá “porque quiero que aprenda la lección”. La intención es muy buena, de hecho, es uno de los principales objetivos de la crianza: queremos que nuestros hijos aprendan y desarrollen habilidades para la vida.

Puede resultar útil hacerse dos preguntas después de un mal comportamiento o de alguna acción no esperada de nuestro hijo. Sirven para ayudarnos a determinar mejor la decisión que queremos tomar:

  • ¿Qué habilidad le hace falta desarrollar a mi hijo?
  • ¿De qué forma puedo enseñarle esa habilidad?

Alternativas respetuosas al castigo

Las alternativas al castigo requieren de práctica, ganas y esfuerzo diario. Cuando tu hijo tenga un comportamiento no adecuado, puedes optar por alguna de las siguientes opciones:

1. Redireccionar: Ayúdalo y guíalo hacia la conducta útil o esperada, dejando fuera las humillaciones.

2. Utilizar consecuencias lógicas: Como su nombre dice, proponle una consecuencia que esté relacionada directamente con la acción, hazlo con respeto y comunícala con antelación.

3. Enfocarse en soluciones: ¿Tiene solución lo que hizo? Si la tiene, nos centramos en eso. Haz partícipe a tu hijo de esa resolución y permítele que sea él quien dé la respuesta de cómo se podría solucionar aquella situación.

Con estas estrategias estaremos erradicando poco a poco los castigos, que habitualmente están acompañados de humillación, vergüenza y culpa. En estos casos, podemos tener siempre presente la siguiente frase de Jane Nelsen: “¿Por qué pensamos que para que los niños se porten bien, primero hay que hacerlos sentir peor?

¿Es útil premiar a nuestros hijos?

Tomando en cuenta la frase anterior, vamos a enfocarnos en cómo podemos reconocer o alentar a nuestros hijos, sin necesidad de premiarlos por todo.

Cuando ofrecemos una recompensa material a cambio de una acción realizada, sin querer estamos favoreciendo que el niño crea que el objetivo principal es el premio o regalo.

Quedará en segundo lugar su capacidad, ya sea haber cooperado, contribuido dentro del hogar o haberse esforzado por un bien individual o común.

Cómo valorar y alentar a nuestros hijos

No podemos negar que nuestros hijos necesitan sentirse alentados y que en ocasiones requieren de ese ánimo adicional. En estos casos, podemos utilizar incentivos socioemocionales, que aporten habilidades en su desarrollo y fomenten la conexión familiar. Ejemplos que podemos aplicar:

  • Dejar que elija la película que veremos en familia.
  • Proponer una guerra de almohadas familiar o similar.
  • Dejar que escoja el juego de mesa para jugar juntos después de la cena.

Más que premios, estas acciones pueden servir de aliento para que nuestros hijos se sientan motivados o como reconocimiento a sus esfuerzos.

En conclusión, los premios y castigos han demostrado a lo largo de los años que no son efectivos. Al contrario, pueden repercutir en la relación con nuestros hijos y en su propio desarrollo de habilidades y confianza.

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