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¿No puedes parar de comer queso? Te explicamos por qué es tan adictivo

Amante del queso, este es tu artículo. La obsesión por este lácteo no es una invención: tiene una explicación razonable. Aunque seas tú la responsable de ingerirlo, es tu estómago el que te vicia a él. Te contamos el porqué de este proceso.

Tabla con queso y pan

Tabla con queso y pan Pexels

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¿Eres de esas personas que comería queso a todas las horas del día? Entonces tu pizza favorita es la cuatro quesos, te fascinan las fondues y los fingers de mozzarella son tu perdición. En todas las consistencias y con un sabor más o menos fuerte, si eres un amante del queso aceptas este alimento en sus mil facetas.

Comer queso nos cambia totalmente el estado de ánimo. Al comerlo, sentimos una agradable sensación de bienestar, cerramos los ojos para saborearlo mejor y disfrutamos con el hormigueo en boca de algunos lácteos como el parmesano. Eso nos anima a comer más y más cantidad, hasta que llegamos al punto de pensar que estamos completamente viciados a él.

¿Sabías que la ciencia se ha pronunciado al respecto? La adicción quesera tiene una explicación.

Por qué no puedo parar de comer queso

Gracias a un estudio encabezado por la Universidad de Michigan hemos podido resolver este misterio. La institución llevó a cabo un experimento para el que contaron con más de 500 estudiantes, personas que se sometieron a la prueba con la intención de detectar qué alimentos eran los más adictivos.

Del test se extrajo una conclusión firme: el queso puede llegar a ser tan adictivo como otras sustancias peligrosas para el organismo, como los narcóticos o el tabaco. Por ello, muchos expertos han llegado a otorgarle un nombre muy particular a esta elaboración: 'droga láctea'.

Lo que convierte al queso en un alimento altamente adictivo son sus componentes, ya que estos se asemejan mucho a los de algunos estupefacientes, creando la necesidad en sus consumidores de necesitar siempre más.

La caseína, el motivo de la adicción al queso

Entre los principales componentes de la leche se encuentra la caseína, una proteína que representa alrededor del 80% del total de proteínas presentes en esta bebida. El queso se elabora con leche, con mucha leche, por lo que ingerimos una cantidad importante de proteína.

La sensación de placer llega cuando la caseína se mezcla con los ácidos gástricos del estómago. Este encuentro crea una nueva sustancia, la casomorfina. Sí, por el nombre de esta nueva sustancia podemos intuir que algo tiene que ver con la morfina, pues se ha constatado que el queso tiene efectos muy similares a los que genera el consumo de sustancias opioides. Ese sería el motivo por el que no puedes parar de comer queso.

¿El queso es una droga?

A pesar de ello, no significa que el queso sea un alimento que nos pueda llevar a una situación tan peligrosa como la adicción al alcohol, por ejemplo. Eso se debe a la casomorfina que, en comparación a la morfina, tiene un efecto diez veces menos fuerte. Dicho esto, puedes seguir comiendo queso sin preocuparte, siempre y cuando esta ingesta no perjudique tu salud.

Teniendo en cuenta todo lo que te hemos contado, también podemos dar respuesta a otro fenómeno. ¿Alguna vez has envidiado el estado de calma de un bebé tras ser alimentado? ¿Nunca te has preguntado por qué, cuando no podemos dormir, se nos aconseja beber un vaso de leche caliente?

En ambas situaciones, la sensación de relajación está inducida por la caseína y el proceso narrado, así que si algún día te desvelas, no pierdas el tiempo dando vueltas en la cama.

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