Entramos en un bar a hacer una prueba. La pregunta es ¿qué pasaría si con la caña en vez de un pincho de tortilla nos pusiesen una tapita de grillos? Para hacer este test lo más real posible, pedimos la complicidad de los camareros y les pedimos ayuda para afrontar esta prueba de fuego.

Viendo los resultados, caras raras y algún que otro grito, no cabe más que reconocerlo. A primera vista, como que no apetece comer estos bichos. Pero son muchos los que cuando los prueban reconocen que saben bien, como a frutos secos, incluso que al final entran solos.

Hay quien los come a puñados porque creen que sólo comiendo unos pocos es como se aprecia el sabor. Incluso esta responsable en un restaurante afirma que si los incluye en una tortilla diciendo que es tortilla de camarones, muchos ni se dan cuenta.

Poco a poco, nos iremos acostumbrando porque en los próximos años, la población seguirá creciendo y hará falta un 70 por ciento más de alimentos. Apunten la fecha: en 2030, el negocio de los insectos moverá más de 7.000 millones de euros.

No nos gustan las cosas cuando no las probamos. Hace años, nadie se atrevería a probar una hamburguesa que está causando furor en Wall Street, una veggie sintética, no lleva carne y ahora la podemos encontrar ya en cualquier supermercado. Sorprendentemente, la empresa que la creó, ha disparado sus beneficios y espera superar los 187 millones de euros a finales de este año.