Tumores
El líquido cefalorraquídeo, clave para seguir la evolución de tumores cerebrales
Investigadores de CNAG han investigado el epicentro del cerebro para comprender cómo evolucionan las enfermedades cerebrales, muy agresivas, y con opciones terapéuticas limitadas.

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Una investigación desarrollada por científicos del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG) junto a la Universidad Goethe de Frankfurt presenta un avance relevante en el estudio del cáncer del sistema nervioso central, demostrando que el análisis del líquido cefalorraquídeo puede ofrecer información detallada sobre la evolución de los tumores cerebrales y su resistencia a los tratamientos.
El equipo ha conseguido descodificar por primera vez la información contenida en el líquido cefalorraquídeo con el objetivo de analizar cómo evolucionan los tumores cerebrales, habitualmente agresivos y difíciles de tratar.
El trabajo, publicado en la revista Cell Reports Medicine, abre una nueva vía para estudiar la interacción entre el cáncer del sistema nervioso central y el sistema inmunitario mediante el análisis de miles de células. Así, los investigadores de CNAG han decodificado esta 'tubería del cerebro' mediante un conjunto de técnicas de secuenciación de última generación.
Para las conclusiones, se han analizado más 70.000 células de pacientes con neoplasias del sistema nervioso central (linfomas, glioblastomas, metástasis cerebrales de melanoma, mama y pulmón) y trastornos neuroinflamatarios. Estas enfermedades cerebrales son por lo general muy agresivas y con opciones terapéuticas limitadas.
El estudio introduce de esta manera una forma innovadora de observar el comportamiento de las neoplasias cerebrales mediante el estudio del entorno biológico que las rodea.
El líquido cefalorraquídeo
Nuestro cerebro se limpia cada día gracias al líquido cefalorraquídeo, que se adentra hasta las capas más profundas del cerebro y lleva en su interior información muy valiosa, como las células inmunitarias.
Este fluido biológico, que circula alrededor del cerebro y la médula espinal, se ha utilizado tradicionalmente para diagnosticar enfermedades neurológicas mediante una punción lumbar. Ahora, su función va más allá del diagnóstico y se centra también en el pronóstico. "Es mucho menos invasivo que una biopsia y se miran las células, diferentes moléculas, parámetros bioquímicos, y el ADN en el caso de las células tumorales", explica la investigadora del CNAG, Paula Nieto.
El nuevo estudio demuestra que también puede convertirse en una fuente clave de información para comprender el desarrollo de diferentes tipos de cáncer cerebral. Los investigadores han descubierto también que cada tipo de tumor genera un microambiente único, en el que se muestra cómo el organismo lucha contra el cáncer. "El perfil de estas células inmunes es diferente en cada enfermedad", explica Paula Nieto, "la información que nos aporta este líquido es como una foto del cerebro en un momento concreto".
Esta información hasta ahora desconocida abre nuevas puertas para el desarrollo de terapias personalizadas que potencien la respuesta inmunitaria de los pacientes. "Lo que nos permite es poder utilizar esa técnica menos invasiva para estudiar si responde o no al tratamiento, para tener un pronóstico, terapias personalizadas, y ver cómo el cuerpo se defiende", detalla Nieto.
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