Vacunas

¿Cómo sería la vacuna perfecta? ¿Son seguras las vacunas?

Para hablar de vacunas recordamos a Isabel Zendal, una coruñesa reconocida por la OMS como la primera enfermera de la historia en misión internacional. Participó en la expedición de la vacuna de la viruela a América en 1803 para comenzar la erradicación de esta enfermedad en el resto del mundo. Sin ella, los españoles no habrían inventado la vacunación con todo lo que eso habría implicado.

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Nos preguntamos cómo sería la vacuna ideal. Mercedes Peleteiro, bióloga de CINBIO (Centro de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Vigo), nos dice que aquella que consiguiese inducir una "protección frente a la enfermedad o al contagio de la misma y que indujese una memoria lo más duradera posible". Esa vacuna ideal "evitaría las inyecciones usando rutas alternativas" y sería una "vacuna multivalente" es decir, haría frente "a varios patógenos al mismo tiempo". Por supuesto, que no tuviese efectos secundarios y que fuese económica. Otra característica debería ser la distribución "sin tener que refrigerarlas". Y, además, a nivel social, lo que más interesaría, según esta investigadora es "erradicar enfermedades" pues, de momento, sólo se ha conseguido con la viruela.

Actualmente los movimientos antivacunas son, según los expertos uno de los "problemas a los que nos enfrentamos" puesto que "están haciendo que enfermedades como el sarampión -que prácticamente estaba erradicada- resurjan".

¿Son seguras las vacunas?

Nuestro organismo es un mecanismo eficaz, capaz de protegernos contra las enfermedades. Si un patógeno nos ataca, nuestras defensas naturales reaccionan y generan anticuerpos para combatirlo. La clave es anticiparnos. Conseguir que nuestro sistema inmunitario sepa reconocer y responder a una enfermedad antes de desarrollarla. Las vacunas son nuestra arma.

Las vacunas sí son seguras. Son medicamentos biológicos creados a partir de antígenos. Es decir, virus o bacterias que no consiguen desarrollar la enfermedad porque están muertos o debilitados. Lo que provocan es que nuestro organismo reconozca al microbio como un invasor y active la producción de anticuerpos, proteínas que luchan contra el patógeno. Con la vacunación logramos que si en el futuro nos vemos expuestos a la enfermedad, el sistema inmunitario la "recuerde" y destruya al agente infeccioso antes de comenzar a sentirnos mal. Las vacunas pueden causar efectos secundarios leves, como fiebre o dolor local, que van a desaparecer en pocos días. La probabilidad de sufrir una reacción grave a una vacuna es de uno entre un millón. Las vacunas salvan vidas, nos protegen a nosotros y a nuestro entorno.

Además, como medicamentos, las vacunas son sometidas a rigurosos ensayos clínicos antes de ser autorizadas y el seguimiento tras su comercialización también es constante. Si retrasamos el momento de vacunarnos sólo estaremos incrementando la probabilidad de enfermar gravemente con patologías que pueden ser discapacitantes y mortales. La OMS calcula que las vacunas infantiles salvan la vida de 4 millones de niños cada año.

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