Obesidad

Combatir la obesidad ya no es cuestión de voluntad: "Comer menos y moverse más no funciona para todos"

Cerebro, genes, metabolismo, tejido adiposo e intestino intervienen en una enfermedad mucho más compleja de lo que parece.

Imagen del I Curso SEEDO de Investigación Traslacional en Obesidad

Imagen del I Curso SEEDO de Investigación Traslacional en Obesidad ANTENA 3 NOTICIAS

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Durante años, adelgazar se ha resumido en una fórmula aparentemente sencilla: menor ingesta de calorías y más deporte. Pero la ciencia ha demostrado que detrás del peso hay mucho más. El organismo regula el hambre, la sensación de saciedad, el gasto y la forma en la que almacena y utiliza esa energía. Y no todas las personas responden de la misma manera ante la comida, el ejercicio o un tratamiento. "La obesidad no es simplemente una cuestión de comer más y moverse menos: es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial", explica Ana Belén Crujeiras, una de las coordinadoras del I Curso SEEDO de Investigación Traslacional en Obesidad, que se celebra esta semana en Ribeira, A Coruña.

El encuentro reúne a investigadores que trabajan en el laboratorio y a especialistas que atienden a pacientes. El objetivo es, precisamente, acercar esos dos mundos: entender mejor qué sucede dentro del organismo y conseguir que ese conocimiento se traduzca cuanto antes en tratamientos más eficaces. Durante dos jornadas, expertos en biología, metabolismo, genética, nutrición y nuevas terapias debatirán en el Auditorio Municipal de Ribeira sobre los mecanismos que intervienen en la obesidad y sobre cómo trasladar los avances científicos a la práctica médica.

La iniciativa está impulsada por el Grupo de Trabajo de Investigación Traslacional en Obesidad de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) y cuenta con la colaboración del Concello de Ribeira, la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia, el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y el CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN). Porque para entender por qué una persona gana peso, por qué le cuesta perderlo o por qué recupera kilos después de adelgazar, los investigadores están mirando cada vez más allá de las calorías y hacia lo que ocurre dentro del organismo.

El cerebro desempeña un papel fundamental. Recibe constantemente información del intestino, del tejido adiposo y de otros órganos y, a partir de esas señales, regula el hambre, la saciedad y el gasto energético. "Para tratar mejor la obesidad necesitamos entender primero cómo nuestro organismo regula el hambre, el gasto energético y la adaptación metabólica", señala Luisa María Seoane, directora del grupo de investigación de Fisiopatología Endocrina del IDIS y CIBEROBN, vocal de la SEEDO y co-coordinadora del curso.

Dicho de una forma sencilla: el organismo funciona como una red de comunicación permanente. El cerebro, el intestino y el tejido adiposo se envían mensajes continuamente. Esos mensajes ayudan a decidir cuándo tenemos hambre, cuándo estamos saciados y cuánta energía necesita gastar el cuerpo. Cuando este sistema se altera, también pueden cambiar esas señales. Y ahí aparece una de las claves de la investigación: dos personas pueden hacer aparentemente lo mismo y obtener resultados muy diferentes.

Otro de los cambios importantes está en la forma de entender el tejido adiposo. La grasa corporal no es simplemente un lugar donde el cuerpo almacena energía. Es un tejido activo que produce sustancias y envía señales a otros órganos. Los investigadores estudian ahora esos mensajes y buscan si algunos pueden detectarse en la sangre. Podrían actuar como una especie de "huella" del estado del tejido adiposo, aportando información sobre el riesgo de desarrollar determinadas complicaciones o sobre cómo puede responder una persona a un tratamiento. Entre las herramientas que se investigan están las vesículas extracelulares, pequeñas estructuras que utilizan las células para comunicarse y transportar proteínas, grasas y material genético.

La investigación presta, además, cada vez más atención a la microbiota, el conjunto de microorganismos, principalmente bacterias, que viven en nuestro intestino. Estos microorganismos interactúan con los alimentos y con nuestro organismo y pueden influir en diferentes procesos relacionados con el metabolismo y la salud.

Por eso, conocer cómo funciona esta comunidad de microorganismos puede aportar nuevas pistas sobre la obesidad y sobre por qué unas personas responden mejor que otras a determinados tratamientos. La pregunta que plantea la investigación traslacional es, en definitiva, muy concreta: ¿Cómo convertir todo este conocimiento en algo útil para el paciente?

Encontrar un marcador que permita identificar riesgos, elegir mejor un tratamiento o anticipar quién puede responder y quién no supondría avanzar hacia una atención más personalizada.

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