TATUAJES

La ciencia alerta del rastro invisible de la tinta en pleno auge del tatuaje

Un estudio revela que los pigmentos del tatuaje se acumulan en los ganglios linfáticos y pueden modificar la respuesta del sistema inmunitario.

Fotografía de archivo de un hombre haciéndose un tatuaje

Fotografía de archivo de un hombre haciéndose un tatuajePexels

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Los tatuajes son un fenómeno de masas. En ciudades turísticas como Santiago de Compostela, miles de peregrinos buscan llevarse un recuerdo permanente y los estudios trabajan a pleno rendimiento. Pero mientras la tinta se normaliza en la piel, la ciencia empieza a preguntarse qué ocurre más allá de la superficie.

Andrés Garay, tatuador con más de una década de experiencia, empezó a pinchar piel siendo apenas un adolescente en Colombia. Hoy dirige el estudio Orion Tattoo en Galicia y describe un sector en plena expansión "Estamos en la cúspide del tatuaje. Cada vez hay gente más preparada, que estudia y se forma. Hay más demanda y, por tanto, más tatuadores: eso tiene cosas buenas y malas", explica.

Garay apunta a una tendencia clara: líneas finas, diseños pequeños y estéticos que buscan discreción. "Son tatuajes más sutiles, que envejecen mejor". En precios, el abanico es amplio: estudios que trabajan desde 50 euros hasta cadenas que ofrecen tatuajes desde 15. "Es como el fast food del tatuaje", resume Garay. Un gran proyecto corporal puede superar los 2.500 euros en varias sesiones.

Los riesgos detrás de la tinta

Desde el ámbito médico, el tatuaje no se ve con la misma ligereza. Ignacio Suárez, jefe de servicio de Dermatología del CHUO, nos explica que "el tatuaje introduce pigmentos en la piel de forma permanente. En condiciones normales se quedan ahí, pero pueden aparecer reacciones alérgicas o inflamatorias".

El especialista alerta además de un fenómeno menos conocido: en personas con enfermedades cutáneas, el tatuaje puede "reactivar" lesiones en la zona tatuada. Y hay otro problema práctico: "Los tatuajes dificultan la exploración dermatológica. Si aparece una lesión sospechosa, como un posible melanoma, la tinta puede enmascararla". ¿Y borrarlos con láser? No es inocuo. "Los láseres modernos pueden eliminar gran parte del tatuaje, sobre todo los negros, pero requieren muchas sesiones y no está claro si la tinta fragmentada puede migrar a los ganglios linfáticos".

Un estudio pionero

La investigación más inquietante llega desde la inmunología. Un equipo del grupo de Infecciones e Inmunidad del Instituto de Investigación Biomédica, afiliado a la Universidad de la Suiza Italiana (USI), ha estudiado durante siete años qué ocurre con los pigmentos del tatuaje en el organismo.

Y su conclusión es contundente. Cuando uno se tatúa la piel, también se tatúa el sistema inmunitario. El estudio, realizado por ahora solo en modelos animales, es valorado como pionero por la comunidad científica. "Muestra que las tintas inflaman los ganglios linfáticos y pueden modificar la respuesta del sistema inmune. En ratones tatuados, por ejemplo, se observó que la respuesta a ciertas vacunas era menor cuando se administraban cerca de la zona tatuada, mientras que con otros tipos de vacunas la respuesta se alteraba en sentido contrario", apunta la hematóloga Carmen Pastoriza, del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense. "Los ganglios linfáticos son como cuarteles generales del sistema inmunitario. Allí se concentran los 'soldados' que nos defienden de virus y bacterias. Si los pigmentos se acumulan en ellos, es lógico preguntarse qué impacto puede tener eso en la respuesta a infecciones o vacunas".

Por ahora, los datos del estudio son preliminares y se limitan al análisis en animales, pero la ciencia empieza a mostrar que la cicatriz de tinta no es un gesto neutro para el organismo.

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