CRIMEN DE ASUNTA

CRIMEN DE ASUNTA

El ordenador de Rosario Porto, otra pieza en el puzle de la investigación

Los investigadores del caso del crimen de Asunta tienen otro hilo del que ya están tirando. El ordenador de Rosario Porto no registra ninguna actividad desde hace 9 meses. O no se ha usado en este tiempo, o alguien ha borrado datos.

Las investigaciones en el caso de Asunta Basterra han dejado de ser secretas pero no han terminado. Avanzan, a buen ritmo y con nuevos elementos. Uno de ellos está siendo analizado y podría esconder las claves para resolver el caso. Se trata del ordenador personal de Rosario Porto. Situada en el piso de la calle Doctor Texeiro, la computadora fue requisada por la Guardia Civil en uno de los registros que se practicaron en la vivienda. Una vez encendido, los agentes detectaron un detalle cuanto menos llamativo. No había ningún archivo con fecha anterior a los últimos 9 meses. No se había generado ningún documento, ninguna foto, nada antes de esos meses. El dato puede suponer 2 cosas. Uno, que Porto no hubiese hecho uso de su ordenador durante ese tiempo o 2, y no por ello menos probable, que ella o alguien de su entorno borrase esos archivos.

Si se demostrase que fue así, la madre de Asunta  no se habría salido con la suya porque, para eliminar del todo esos documentos y no dejar rastro hay que ser un auténtico experto y la Guardia Civil sí que cuenta con investigadores especializados para detectar el paso de esos archivos por la máquina e incluso recuperarlos. En cualquier caso, esa posibilidad, ese posible borrado sería la prueba de que el ordenador contenía pistas para explicar el crimen. Pero sobre todo, para entender que lo que sucedió el 21 de septiembre fue el culmen de un plan más que preparado por Porto y Basterra. Un crimen con estrategia, planificado. Así lo cree el magistrado Vázquez Taín. Y tan convencido está de ello que incluso ordenó que se prepararan los calabozos donde pasaron la noche detenidos padre y madre para escuchar sus conversaciones.

Taín tenía el convencimiento de que el hecho de que ninguno de los padres reprochase nada al otro era indiciario. Era la señal de que ambos jugaban en el mismo equipo. Si esa premeditación y pacto fuera finalmente demostrados, quedaría explicada entonces la desaparición del ordenador de Alfonso Basterra. Una computadora que se busca con ahínco y que a día de hoy ninguno de los padres ha sabido responder dónde está.

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