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¿Cuándo ya no es posible cambiar nuestra personalidad?

Unos piensan que la personalidad es algo fijo que es imposible de cambiar. Otros creen que siempre estamos a tiempo de aplicar cambios en nuestra manera de ser. ¿Qué hay de cierto?

Chico pensando en el salón

Chico pensando en el salón Pexels

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La personalidad es relativamente estable, pero también es flexible. Por esta razón, la personalidad puede alterarse a raíz de acontecimientos vitales que se perciban con intensidad o que provoquen cambios notables en el contexto del individuo.

Estos acontecimientos pueden modificar la forma de pensar, de sentir y de actuar de la persona que los esté viviendo. Por ejemplo: una mudanza, un divorcio, el fallecimiento de un ser querido o un cambio de trabajo.

¿Qué es la personalidad?

La personalidad se puede describir de formas distintas. Las mostramos a continuación:

  • Como una estructura: este tipo de descripción de la personalidad se centra en el análisis de sus componentes, dimensiones y rasgos. Por ejemplo: rasgos como el neuroticismo o la extraversión.
  • Como un proceso: este tipo de descripción se centra en la personalidad como un proceso activo, en el que influyen las experiencias, las capacidades, las respuestas emocionales y los pensamientos.

Existe potencial tanto para lo bueno como para lo malo. Por ejemplo: el efecto Pigmalión. Pongamos que una persona obtiene aceptación y reconocimiento por las personas que le rodean. Este hecho aumentará las probabilidades de que esa persona actúe de forma amable y positiva con los demás.

  • Como un sistema: este tipo de descripción de la personalidad propone que la aparición de una forma concreta de actuar no está controlada por formas algorítmicas sino abiertas a una relación no lineal retroalimentada por el medio.

Por ejemplo: teniendo en cuenta los ejemplos anteriores, si partimos de una estructura de la personalidad en la que tenemos rasgos saludables, además, gracias al efecto Pigmalión, la personalidad se ve influida por el desarrollo de una alta autoestima, estamos ante un escenario bastante positivo.

Ahora, teniendo en cuenta la personalidad como sistema, habría que analizar también cómo es el ambiente en casa, cómo son las relaciones familiares o cómo es la situación socioeconómica para contar con todos los factores del sistema que puedan influir en el patrón de conducta de la persona.

Características de la personalidad como sistema

Analicemos un poco la personalidad describiendo sus características:

  • Totalidad: el “todo” es más que la suma de las partes. De la personalidad emerge un funcionamiento totalmente único, como si de un equipo de futbol se tratara en el que cada jugador funciona como un equipo. Todo estará relacionado con el cuerpo y el cerebro, como un organismo único.
  • Autoorganización: nuestro organismo, como sistema, mantiene su equilibrio interno independientemente de los cambios externos. Esto significa que nuestro organismo es capaz de autorregularse. Sin embargo, cuando hablamos de personalidad, no hablamos únicamente de homeostasis, ya que a veces incluso el objetivo de nuestra personalidad puede ser el cambio. El objetivo de ese cambio es precisamente la adaptación al medio. El sistema de la personalidad se diluye con el contexto en el que se encuentra.
  • Indeterminación: la personalidad entendida como sistema, es dinámica. Un simple cambio en las condiciones iniciales puede suponer cambios inesperados. En este contexto de imprevisibilidad se ha expuesto el llamado “efecto mariposa” que proviene de los estudios de Lorenz (1963), en el que se concluía que un pequeño cambio podría ocasionar un gran cambio debido a sus consecuencias.

Evolución de la personalidad

Existen etapas muy importantes en la evolución de la personalidad:

  • El nacimiento: tendencia de comportamiento cuando el bebé todavía es recién nacido. Esta tendencia nos daría información sobre todo del temperamento, el componente innato de la personalidad.
  • Infancia: según cómo se vaya adaptando el medio a ese temperamento, cómo se vaya adaptando el niño a ese medio y las experiencias que se vayan teniendo, vamos obteniendo más modificaciones. Los valores, las creencias y las normas tienen un papel relevante.
  • Adolescencia: existe un cuestionamiento de todo lo inculcado hasta ese momento. El adolescente busca su sitio, es un momento de cambios. Aparecen inseguridades y la búsqueda de una identidad diferenciada. En esta etapa podemos empezar a hablar de personalidad propiamente dicha.
  • Adultez: las experiencias vitales van dándole una forma más sólida al autoconcepto. La personalidad es más estable, pero puede seguir variando y dependerá también de los acontecimientos que se vayan viviendo y de cómo se vayan integrando.
  • Ancianidad: se trata de una nueva etapa que requiere una readaptación (pérdida de habilidades, actividad laboral y seres queridos).

¿Cuándo se forma nuestra personalidad?

En conclusión, podemos empezar a hablar de personalidad propiamente dicha a partir de la adolescencia. En la etapa adulta obtenemos una mayor estabilización de la misma. Sin embargo, la personalidad está en constante cambio y adaptación. Factores como las experiencias vitales intensas o la propia voluntad pueden fomentar ese cambio, teniendo en cuenta que existe una base estable y el factor del temperamento que tiene carácter genético.

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