Conflicto vecinal
La guerra de la petanca en Calafell: vecinos y jugadores, enfrentados por unas pistas junto a sus viviendas
El traslado de dos pistas municipales de petanca desde la playa hasta una zona residencial ha provocado las protestas de los vecinos, que denuncian molestias y problemas de acceso. Los jugadores defienden que fue el Ayuntamiento quien decidió instalar allí el espacio de juego.

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Unas pistas de petanca se han convertido en el centro de un conflicto vecinal en Calafell. Hace cuatro años, el Ayuntamiento trasladó dos pistas que se encontraban junto a la playa hasta una zona residencial de Mas Mel, a escasos metros de varios bloques de viviendas. Desde entonces, la convivencia entre algunos vecinos y los aficionados a este deporte se ha ido deteriorando. Las protestas son visibles desde la calle, con numerosas pancartas en sus balcones para reclamar al Ayuntamiento una solución.
Aseguran que no están en contra de quienes juegan a la petanca, sino de la ubicación escogida para las instalaciones: "No estamos contra los petanqueros, el Ayuntamiento es quien los ha traído aquí", insiste Josep María, presidente de la comunidad de vecinos.
Vecinos y jugadores, enfrentados por el uso del mismo espacio
El origen de la disputa está en dos formas muy diferentes de utilizar una misma zona. Mientras los residentes reclaman tranquilidad junto a sus viviendas, los usuarios de las pistas defienden su derecho a disfrutar de unas instalaciones municipales. Los jugadores suelen reunirse alrededor de las seis de la tarde y las partidas se prolongan durante aproximadamente dos horas. Aseguran que intentan desarrollar su actividad "sin molestar a nadie, sin gritos ni fiestas".
Sin embargo, el rifirrafe ha aumentado con el paso del tiempo. Mariano, presidente del Club de Petanca de Mas Mel, asegura que también ellos han sufrido acciones contra las instalaciones. "Nos meten silicona en los candados. Ya hemos cambiado 12 candados", denuncia.
Los vecinos denuncian problemas para acceder a la playa
El malestar de los residentes no se limita al ruido o a la proximidad de las pistas. También denuncian que la reorganización del espacio ha afectado al antiguo paso que utilizaban para dirigirse hacia la playa. Juan Antonio, vicepresidente de la comunidad, explica que, anteriormente, podían llegar hasta el paseo marítimo a través de un paso peatonal.
Según nos cuenta, ahora deben desviarse y caminar por la carretera para evitar atravesar las pistas e interrumpir las partidas. Una situación que, aseguran los vecinos, ha reducido la accesibilidad de una zona que utilizaban habitualmente antes de que se instalaran los terrenos de juego.
Unas pistas trasladadas tras la erosión de la playa
Las instalaciones fueron habilitadas por el Ayuntamiento después de que la erosión de la playa obligara a buscar una nueva ubicación para las antiguas pistas. El espacio se ha convertido desde entonces en un punto habitual de encuentro para aficionados a la petanca, muchos de ellos jubilados. El alcalde de Calafell, Ramon Ferré, defiende que la actividad que se lleva a cabo en estas instalaciones públicas no debería generar problemas de convivencia.
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Vecinos y jugadores, sin embargo, coinciden en algo: la decisión sobre el futuro de las pistas corresponde al Ayuntamiento. "Aquí nos ha puesto el Ayuntamiento y el Ayuntamiento nos tiene que quitar", resume Manoli, una de las aficionadas que utiliza las instalaciones. Cuatro años después del traslado, las pistas continúan en el mismo lugar y el conflicto sigue abierto. Dos colectivos enfrentados por un espacio que ninguno de ellos decidió compartir y que ahora reclaman que sea el consistorio quien encuentre una solución.
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