Final del verano
Ahora que se acerca septiembre toca preguntarse, ¿Por qué nos afecta tanto la vuelta a la rutina?
Mientras muchos continúan disfrutando de sus vacaciones, algunos ya han tenido que retomar la rutina del día a día. Lejos quedan los días sin reloj, las comidas eternas, las tardes en la playa o los planes improvisados. Toca dejar atrás las vacaciones y cambiar la playa por la oficina, los horarios y las obligaciones, pero tenemos varios consejos para que la vuelta a la normalidad sea más llevadera.

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Mucha gente continúa de vacaciones, disfrutando del sol y del buen tiempo, y seguro que no serán pocas las personas que hayan querido ir a zonas de costa para darse un chapuzón en el mar. A ellos, les deseamos que disfruten de lo que les queda, porque para otros, eso se ha terminado o está a punto de hacerlo.
Sea como sea, la realidad es que se acerca el mes de septiembre y eso solo puede significar una cosa: volver a la rutina. Es decir, a los horarios establecidos, al trabajo, etcétera. Algo que normalmente se asocia con la aparición de estrés, cansancio o ansiedad, pero, ¿por qué es así? Para responder a esta cuestión, contamos con el criterio de Francisco Gullón, psicólogo clínico de APIR. Según él, más que afirmar que septiembre provoca por sí mismo un aumento de los problemas de salud mental, se trata de un momento en el que determinados malestares se hacen más visibles.
Durante las vacaciones disminuyen algunas exigencias y nos alejamos temporalmente de aquello que nos preocupa. Al volver, reaparecen de golpe los horarios, los desplazamientos, los correos, la conciliación y la obligación de rendir. Por tanto, septiembre no siempre crea el malestar; muchas veces simplemente lo deja al descubierto. Y, en ocasiones, no nos angustia volver a la rutina, sino volver a una rutina en la que ya no nos reconocemos. Entonces, ¿cómo hacemos que los primeros días sean más llevaderos o menos estresantes? Pues según este psicólogo, el principal error es intentar recuperar en dos días todo lo acumulado durante varias semanas.
Abrimos el correo, interpretamos que todo es urgente y pretendemos pasar del ritmo vacacional al máximo rendimiento sin ninguna transición. El problema no es volver despacio, sino exigirnos estar al cien por cien antes de haber aterrizado. Por todo esto, para recuperar la rutina de forma saludable conviene no abandonar de golpe todo lo que nos ha ayudado: mantener el descanso, el movimiento, los vínculos y pequeños espacios cotidianos de disfrute. También ayuda a recuperar gradualmente el sueño, ordenar las tareas entre urgentes, importantes y aplazables, y limitar el correo fuera del horario laboral.
Una buena vuelta no consiste en hacerlo todo desde el primer día, sino en recuperar la sensación de que podemos decidir por dónde empezar. Es decir, es normal sentir un malestar pasajero, pero sí que deberíamos preocuparnos si atendemos a tres aspectos clave: la duración, la intensidad y la interferencia. Sentir cansancio, pereza o cierta irritabilidad durante los primeros días entra dentro de lo esperable si progresivamente recuperamos el ritmo y podemos mantener nuestra vida cotidiana.
Pero si se alarga varias semanas, o el cansancio es tal que te impide realizar tu vida cotidiana, es recomendable consultar con un experto estos síntomas. Así que aunque la mayoría pensemos que nunca son vacaciones suficientes, y nos centremos en lo mucho que vamos a echar de menos la playa o lo que nos va a costar volver a madrugar, la realidad es que septiembre llama a la puerta. Esperamos, por lo menos, haber sido de ayuda en tu vuelta a la rutina.
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