Ramón Sampedro cumplió sus objetivo hace 21 años después de librar una larga batalla por conseguir que la justicia le autorizara a "morir dignamente". Se había quedado tetrapléjico a los 25 años, llevaba 30 postrado en una cama y deseaba morir. Lo consiguió gracias a la ayuda de un nutrido grupo de amigos. Cada uno tenía un pequeño papel en el plan, de manera que no cayera la responsabilidad sobre ninguno y no pudieran ser condenados.

Sampedro tomó cianuro y murió el 12 de enero de 1998.

En 2017, José Antonio Arrabal, un hombre de 58 años al que le habían diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica (ELA) también se quitó la vida. “Me parece indignante que en este país no esté legalizado el suicidio asistido y la eutanasia. Me parece indignante que una persona tenga que morir sola y en la clandestinidad. Me parece indignante que tu familia se tenga que marchar de casa para no verse comprometida en el tema y acabar en la cárcel”, declaró en un vídeo que grabó segundos antes de morir.

Durante estos años, son muchos los enfermos y familiares que han alzado la voz por reclamar una ley de muerte digna en España.

Hace un par de meses, la familia Maribel Tellaetxe fue a entregar al Congreso de los Diputados las más de 180.000 firmas que consiguió reunir para despenalizar la eutanasia.

Llevaba 17 años sufriendo alzhéimer. Un mes más tarde falleció. La familia decía no entender como "una ley puede obligar a la gente a sufrir en el siglo XXI" y prometió seguir luchando.