SEGÚN UN ESTUDIO

Los obesos, los ludópatas y los adictos a sustancias comparten rasgos neuropsicológicos

Los obesos, los adictos al juego y los adictos a sustancias tienen más dificultades que la población sana a la hora de tomar decisiones. "Si hay una alteración en el proceso de toma de decisiones, este hecho puede tener repercusiones en la salud", señalan los expertos.

Padre obeso.

Padre obeso.AGENCIAS

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Los obesos, los adictos al juego y los adictos a sustancias comparten características neuropsicológicas, según un analisis de varios estudios realizado por la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge (HUB) y el CIBER de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN).

Concretamente, los tres colectivos tienen más dificultades que la población sana a la hora de tomar decisiones, con un grado de déficit similar. Además, se ha observado que, en pacientes con anorexia nerviosa, este menor rendimiento cognitivo es reversible con el tratamiento.

Uno de los estudios comparó 106 pacientes con adicciones a sustancias, 178 pacientes con trastorno de juego y 194 personas sanas. Todos los pacientes fueron evaluados con una prueba neuropiscológica en formato de videojuego con cartas, el Iowa Gambling Task (IGT), que permite medir hasta qué punto una persona va aprendiendo de sus errores para adoptar la decisión que más le beneficia.

Los resultados demostraron que los tres grupos de pacientes del estudio (obesidad, adicciones a sustancias y trastorno de juego) obtuvieron peores puntuaciones que el grupo de personas sanas. Asimismo, también se observaron diferencias específicas asociadas a cada trastorno: los pacientes con obesidad comienzan a aprender más tarde y más lentamente de sus errores que los pacientes sanos; los pacientes con adicciones a sustancias aprenden antes, pero después mejoran más lentamente, y los pacientes con trastorno de juego presentan decisiones muy aleatorias y no muestran aprendizaje durante la tarea.

Según destaca el doctor Fernando Fernández-Aranda, jefe de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del HUB, "la toma de decisiones implica hacer un balance de las ganancias y perjuicios de llevar a cabo una acción y, en este balance, tienen un papel importante las emociones, las motivaciones y las cogniciones".

A su juicio, "si hay una alteración en el proceso de toma de decisiones, este hecho puede tener repercusiones en la salud. Por ejemplo, puede influir en la salud de una persona con un alto riesgo cardiovascular, ya que debe tomar diariamente muchas decisiones sobre qué come y qué no come".

Fernández-Aranda considera que las diferencias detectadas en este estudio "se deberían tener en cuenta a la hora de realizar los tratamientos a nivel clínico". Estos resultados fueron presentados la semana pasada en la 22ª Reunión de la Sociedad de la Investigación de los Trastornos de la Alimentación en Nueva York (EEUU), y se han publicado en destacadas revistas científicas internacionales.

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