Golpe de Estado

45 años del 23-F, la noche en que la democracia se puso a prueba

El 23 de febrero de 1981, España vivió uno de los momentos más decisivos de su historia reciente. Apenas habían pasado seis años desde la muerte de Franco y la joven democracia caminaba todavía sobre terreno incierto.

45 años del 23-F, la noche en que la democracia se puso a prueba

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Aquella tarde, durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno, un grupo de guardias civiles irrumpió armado en el Congreso de los Diputados. Durante horas, el país contuvo la respiración sin saber si el proceso democrático iniciado en la Transición sobreviviría. Cuatro décadas después, el 23-F sigue siendo una fecha que explica quiénes fuimos y por qué seguimos siendo una democracia.

Cuando el ruido rompió la palabra

A las 18:23 cuando el teniente coronel Antonio Tejero entra en el hemiciclo al frente de unos 200 guardias civiles. “¡Quieto todo el mundo!”, grita desde la tribuna antes de que los disparos al techo helaran la escena. Los diputados se tiran al suelo mientras el Congreso queda bajo control de los asaltantes. La imagen de los escaños vacíos, los impactos de bala en el techo y la tensión contenida en el interior del Parlamento se convirtieron en símbolo de un intento de golpe que pretendía frenar el rumbo político del país.

Miedo, incredulidad y horas interminables

Dentro del hemiciclo, la confusión es absoluta. Muchos diputados piensan en un primer momento que se trataba de un incidente aislado; otros comprenden de inmediato que están ante una intentona golpista. El desconcierto da paso al temor: nadie sabía cuánto duraría el secuestro ni qué estaba ocurriendo fuera. Tirados en el suelo, escuchando órdenes y disparos, viven horas de incertidumbre en las que el futuro de la democracia parece pender de un hilo.

La balanza se inclinó hacia la Constitución

La clave de aquella noche estuvo fuera del Congreso. En la madrugada del 24 de febrero, el rey Juan Carlos I aparece en televisión vestido con uniforme militar para defender el orden constitucional y desautorizar la sublevación. Su mensaje es determinante para frenar apoyos dentro de las Fuerzas Armadas y dejar aislados a los golpistas. La intervención del jefe del Estado inclina la balanza del lado de la legalidad democrática y marca el desenlace del intento de golpe.

El peso de la ley

Tras el fracaso de la intentona, los principales responsables son detenidos y juzgados por el Consejo Supremo de Justicia Militar. Antonio Tejero es condenado a 30 años de prisión por rebelión militar, al igual que el general Jaime Milans del Bosch. Alfonso Armada recibe inicialmente una pena menor que después es aumentada por el Tribunal Supremo. Las sentencias confirman que el Estado de derecho responde con instrumentos legales, no con venganzas ni atajos.

La noche que hizo más fuerte a la democracia

Paradójicamente, el 23-F terminó consolidando la democracia española. El rechazo mayoritario de la sociedad, la firmeza institucional y el fracaso de los golpistas reforzaron el compromiso con la Constitución de 1978. El intento de involución deja claro que el pasado no tiene cabida en el nuevo marco democrático. Desde entonces, aquella noche funciona como recordatorio de que la democracia no es irreversible, pero también como prueba de que, cuando fue puesta a prueba, España eligió defenderla.

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