Celebraciones

De dónde viene el "truco o trato" de Halloween

Cada 31 de octubre niños disfrazados recorren las casas en busca de dulces, pero esta popular tradición tiene un origen mucho más antiguo de lo que parece.

Caramelos en una calabaza de Halloween

Caramelos en una calabaza de Halloween Imagen creada con IA

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Cuando pensamos en Halloween es fácil imaginar calabazas, disfraces y, sobre todo, niños llamando a las puertas al grito de “truco o trato”. La escena parece inseparable de la fiesta, aunque esta costumbre no nació tal y como la conocemos actualmente. Detrás de esa petición de caramelos hay una mezcla de antiguas celebraciones, tradiciones europeas y algunas prácticas que fueron cambiando con el paso de los siglos.

Por qué se dice truco o trato en Halloween

Para entender de dónde viene el “truco o trato” hay que viajar hasta las celebraciones de Samhain, una festividad de origen celta relacionada con el final de la cosecha y la llegada de la época más oscura del año. Se creía que durante esa noche la separación entre el mundo de los vivos y el de los muertos era especialmente estrecha.

Las personas encendían hogueras y realizaban diferentes rituales. También era habitual disfrazarse para evitar ser reconocidos por los espíritus y ofrecer alimentos como forma de protección o para ganarse su favor. Con el tiempo, estas costumbres se mezclaron con celebraciones cristianas como el Día de Todos los Santos y la víspera de esta festividad, conocida como All Hallows' Eve, que acabaría dando lugar al nombre de Halloween.

Sin embargo, el origen del actual “truco o trato” no puede atribuirse únicamente a Samhain. En la Europa medieval existían prácticas en las que personas pobres y niños iban de casa en casa pidiendo comida. En Inglaterra, por ejemplo, durante el Día de los Difuntos se entregaban unos dulces conocidos como “pasteles de almas” a cambio de oraciones por los fallecidos.

De pedir comida a llamar a las puertas por Halloween

Hay otra tradición que pudo contribuir a crear el “truco o trato” moderno y resulta especialmente curiosa: el belsnickling, una costumbre navideña que se practicaba en algunas zonas de Estados Unidos y Canadá durante los siglos XVIII y XIX.

Grupos de personas disfrazadas recorrían las casas y realizaban pequeñas bromas a cambio de comida y bebida. En ocasiones, los anfitriones tenían que adivinar quién se escondía detrás del disfraz para recibir una recompensa. La idea de hacer una pequeña travesura a cambio de algo de comer guarda un parecido evidente con la tradición que conocemos hoy.

En Estados Unidos, las bromas asociadas a Halloween fueron ganando protagonismo durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Golpear ventanas, mover objetos o realizar pequeñas trastadas podía convertirse en una auténtica molestia para los vecinos. De hecho, algunas familias comenzaron a ofrecer comida o dulces para evitar que los bromistas causaran desperfectos.

La expresión “truco o trato”, tal y como se entiende en Halloween, apareció documentada en 1927, en un periódico de Alberta (Canadá). Por aquel entonces, grupos de niños y jóvenes utilizaban la frase al visitar las casas, exigiendo algún tipo de recompensa para evitar las travesuras.

¿Cuándo empezaron los niños a pedir caramelos?

Aunque la costumbre tiene raíces mucho más antiguas, el “truco o trato” como tradición infantil de Halloween se consolidó sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. El fin del racionamiento permitió que los caramelos volvieran a estar disponibles con mayor facilidad, mientras que el crecimiento de los barrios residenciales estadounidenses facilitó que los niños fueran de puerta en puerta.

Durante las décadas de 1950 y 1960, Halloween adquirió además un carácter cada vez más comercial. Los caramelos envueltos individualmente resultaban cómodos para repartir y terminaron sustituyendo progresivamente a otros alimentos que antes podían recibir los niños, como frutas, frutos secos o productos caseros.

Así, lo que originalmente estaba relacionado con espíritus, cosechas, comida y pequeñas travesuras acabó convertido en uno de los rituales más reconocibles de Halloween: un disfraz, una bolsa abierta y una puerta a la que llamar.

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