¿Quién no se ha encontrado un dedo en una lata de Coca-Cola?

¿Quién no se ha encontrado un dedo en una lata de Coca-Cola?

Mis 20 leyendas urbanas 'gastro' favoritas

Desde historias romcambolescas como dientes de rata emergiendo de un Big-Mac o pollos monstruosos en las granjas de Kentucky a otras más mundanas como las dos horas de digestión. Larga vida a las leyendas urbanas.

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Los pollos mutantes de Kentucky... ¿existirán? | Cocinatis

La leyenda urbana no escapa a la gastronomía, disciplina que ha visto proliferar centenares de falsos mitos que hacen que cualquier nutricionista, y en general cualquier persona de bien, se lleve las manos a la cabeza. El 'star system' siempre ha sido más prolífico a la hora de generar leyendas urbanas, es cierto, ¿acaso alguien puede superar la de que Elvis Presley está vivo y vive en casa de José Luis Moreno? O esta otra relacionada también con el popular ventílocuo: ¿será verdad que vive en un caserón, junto a Rockefeller, Macario y Monchito, rodeado de sirvientes cachas en tanga? A todas luces es más verosímil, no lo nieguen, que la de que habla 18 idiomas. Si se te pincha una rueda del coche y te ves tirado en medio de la M-30, 'don't worry', estás salvado: el Rey se apeará de una moto y te echará un cable.

El universo de la leyenda urbana es una mina, y en gastronomía hay cientos de ellas que nos persiguen desde la cuna, pues en muchos casos nuestros ancestros tuvieron a bien transmitirlas de generación en generación de manera que en tiempos de globalización siguen más vivas que nunca. Aquí nuestras nuestras 20 favoritas.

1. Si estás menstruando ni se te ocurra hacer mayonesa. Y no solo eso: tampoco puedes hacer conservas, acercarte a las colmenas e incluso, en algunas culturas, hacer pasteles. El asunto debe tener una explicación antropológica la mar de sencilla relacionada con el poco empeño que le echas a cualquier actividad en la que te embarques en esos momentos del mes en que tu sistema hormonal es lo más parecido a una centrifugadora, pero explicaciones científicas, lo sentimos, ninguna.

2. Si tienes ardor de estómago durante el embarazo te saldrá un niño muy peludo. What the Fuck. Tus órganos se desplazan para hacer sitio al bebé y tus intestinos no disponen del espacio suficiente para digerir el kilo de cochinillo que has engullido para cenar bajo la máxima de que en estos momentos de tu vida ancha es Castilla. Lástima que Jamie Lee Curtis nunca podrá sentir la sensación de llevar un ser en sus entrañas, es lo que tiene ser hermafrodita.

3. Tu pato a la naranja, compañero, es en realidad Micifuz. Esta leyenda urbana nos gusta tanto que nos resistimos a dejar de creerla pese a la cantidad de evidencias existentes de que los restaurantes chinos superan todos los controles sanitarios habidos y por haber. Ni gatos ni perros, pero sí tal vez carnes de cerdo o pato de calidad discutible y guarniciones de brocha gorda en el chino de la esquina, ¿cómo, si no, comer hasta la extenuación por 8 €? Porque sí, los chinos, pese a que algunos los crean pulcramente descuartizados en la nevera del restaurante, sí mueren en España.

4. Señoras que se encuentran, en el mejor de los casos, un diente de rata en su hamburguesa de McDonalds, el cual ádemás se queda incrustado en una de sus muelas y tiene que ser extraído por el dentista. Durante una época proliferaron en Estados Unidos las denuncias a McDonalds, a raíz de que en 1955 inventaron la hamburguesa de 15 centavos cuando la competencia las vendías por 30. Mucha gente creyó hallar restos de rata, perro y especialmente gusanos en sus Big Mac. Hasta tal punto llegó la alarma social que la compañía, exhausta de repetir que su carne era 100% vacuna, tuvo que rebatir a sus detractores con un argumento definitivo: un kilo de gusanos era cinco veces más caro que uno de ternera. Y ni siquiera así.

5. Los pollos mutantes de Kentucky Fried Chicken merecerían un capítulo aparte en la historia de la leyenda urbana gastronómica. Hay quien dice que son simplemente pollos de 8 patas, pero los más creativos llevan la historia al límite y hablan de unos misteriosos pollos fantasma sin plumas, ni pico, ni patas, sostenidos apenas por unos cuantos huesos. Unas extrañas criaturas que proliferan mientras -he aquí otra de nuestras leyendas urbanas favoritas– las rubias desaparecen: dicen que la última nacerá en Finlandia dentro de 200 años.

6. El alcoholímetro dejará de ser tu enemigo a muerte y pasará a ser tu aliado si, pese a que te hayas bebido hasta el agua de los floreros... ¡mascas un grano de café ante el agente justo antes de que te haga soplar! Pero no. Ni eso ni tomarnos un Almax previo al soplo nos salvarán de quedarnos sin unos cuantos puntos. A los modernos alcoholímetros no hay quien los tosa y de nada te servirá sostener fuerte entre tus manos un grano de café mientras atacas el tercer gin-tonic e imaginas la cara que se le quedará al guardia cuando vea ese 0,0 pese a que circulabas haciendo eses por la C-58.

7. El agua antes, después o durante las comidas ha dado lugar a múltiples mitos carentes de ningún tipo de fundamento científico. Hubo una época en la que se extendió el rumor de que no había que beber agua durante las comidas para no engordar, y con él centenares de perplejos gorditos aseguraban que la culpa de todos sus males era, más que su afición a los donuts, su manía a beber agua entre plato y plato. Mentira. El agua no engorda, y puede tomarse cuanta se desee y cuando uno tenga sed, también durante las comidas, aunque es cierto que tenemos que rebajar nuestros estándares sobre cuánta cantidad beber: los nutricionistas de nueva escuela comienzan a decir que exageramos un poco con lo de los dos litros al día, pues la cantidad de agua a ingerir depende de factores como la edad, el sexo, el metabolismo o la actividad física.

8. Si estás amamantando come almendras. La lactancia materna es uno de los campos que más leyendas han tenido que soportar a lo largo de los siglos, desde cosas tan absurdas como que las mujeres con poco pecho producen menos leche a aquella que se popularizó en época del baby boom y que hizo fracasar tantas lactancias de que los niños tenían que mamar cada tres horas. También existe toda una ciencia alrededor de los alimentos que cambian el sabor de la leche y pueden dar lugar a un rechazo del bebé, espárragos y ajos fundamentalmente. Aunque si bien es cierto que estos alimentos alteran levemente el sabor de la leche, este cambio resulta imperceptible para el bebé, del mismo modo que no existe ninguna evidencia de que la ingesta de frutos secos, particularmente almendras, tenga ninguna influencia sobre la producción de leche.

9. La lista avanza y advertimos de que puede empezar a herir sensibilidades. Porque es difícil resistirse a seguir creyendo que los agentes del FBI estadounidense llevan siempre con ellos una Coca-Cola para limpiar la sangre de los accidentes de carretera. O que los camioneros la utilizan para eliminar manchas de óxido o acabar con la corrosión de las terminales de las baterías de los vehículos, y que en su interior pueden disolverse dientes, huesos e incluso carne humana. Lamentamos ser nosotros quienes comuniquemos que el PH de la Coca-Cola es muy similar al del zumo de limón, y que entre sus numerosos atributos no se encuentra el que pueda servirnos de talismán para limpiar el váter.

10. Y más. Existe una leyenda que dice que un supuesto granjero estadounidense, del que somos muy fans, utiliza este producto para matar ratas, dado que los animales no pueden eructar y mueren cada vez que toman una Coca-Cola. Superen eso.

11. Siguiendo con la Coca-Cola, que junto con McDonalds ha sido tradicionalmente una fuente inagotable de leyendas urbanas, han salido a la luz pública historias de dedos humanos hallados en el interior de la lata, navajas, colas de rata y todo tipo de objetos de plástico en ocasiones ¡más grandes que la propia lata!

12. Seguro que conoces a alguien que tiene un cuñado el cual, inocentemente, se tomó un gin-tonic tras haberse tomado antes un chupito de Baileys, sin saber que la combinación del Baileys (que lleva leche en su composición) con la tónica iba a dar lugar a la formación de una pelota sólida en su estómago que iba a dar como resultado una caída fulminante de las constantes vitales y un señor lavado de estómago que le salvó de la muerte en el último momento.

13. Comerte una naranja no evitará que te resfríes. Está demostrado que la vitamina C puede acortar levemente la duración del resfriado y paliar sus síntomas, pero no tiene una acción preventiva.

14. Si tienes un bebé rubio y tanto tú como tu pareja sois morenos, así como sus abuelos (e incluso aunque no lo seáis) no, no hace falta que le laves el pelo con manzanilla: tiene bastantes números para acabar convertido en un morenazo.

15. Ese bonito bebé tal vez no acabará siendo rubio de mayor, puede ser, pero tampoco será ingerido por Tom Cruise, dato que nos hace afrontar con mayor tranquilidad el tema de la paternidad. Los cienciólogos lo máximo que llegan a comerse es la placenta, pero pese a lo que digan las leyendas urbanas, de momento no se ha tenido noticia de que coman bebés.

16. Una de las leyendas urbanas que nos resistimos a desestimar porque ha marcado la infancia de varias generaciones es la de que hay que hacer la digestión durante dos horas antes de bañarse. A nadie se le ha ocurrido jamás pensar que a sus padres tal vez les apetecía más echarse la siesta bajo la sombrilla después de comer que tener que participar en romcabolescos juegos acuáticos. Hay que evitar los cambios bruscos de temperatura al entrar al agua siempre, pero no es necesario dejar pasar esas dos horas, que en función de la madre se movían en una horquilla de entre hora y media y tres, para darse un chapuzón tras el bocata.

17. Ni la zanahoria ni ninguna otra fruta, verdura y hortaliza tiene la capacidad de aumentar nuestro bronceado. Afectan a la producción de melanina, sí, pero los estudios científicos coinciden en que no lo suficiente para que este aumento tenga un impacto en nuestro moreno.

18. El mundo de las dietas también ha sufrido el impacto de la leyenda urbana, y son muchos los que han padecido sus consecuencias durante años hasta que llegaron los nutricionistas de nuevo cuño para dejar constancia de que han sufrido en vano. Aquello tan socorrido de no picar entre horas para no engordar es la más grande de las falacias habidas y por haber, pues es precisamente todo lo contrario: se debe comer varias veces al día para mantener el metabolismo funcionando y llegar a los ágapes principales con menos hambre. Nadie en su sano juicio, y mucho menos si se plantea perder un poco de peso, debería comer sólo tres veces al día. Mínimo, cinco. Así se lo haremos saber a Walt Disney cuando lo descongelen.

19. Si olvidas tu botella de agua de plástico en el coche en un día de calor y después te bebes el agua no digas que no te avisamos de que ibas a contraer cáncer de mama. Leyendas urbanas aseguran que las dioxinas que emite la botella al ser sometida a altas temperaturas influyen directamente sobre la creación de células cancerígenas en los senos. La Sociedad Canadiense contra el Cáncer ha sido una de las últimas en desmentir este mito, pese a que recomienda no ingerir el agua que se ha dejado todo el día recalentada en un coche: puede ser un hervidero de gérmenes y puedes acabar vomitando. Pero nada más.

20. No hemos podido resistir la tentación de dedicar este último punto a nuestra leyenda urbana favorita de todos los tiempos, aunque sea extragastronómica. ¿Será verdad que Franco está enterrado boca a bajo con el objetivo de que, si se da el caso de que resucite, no encuentre la salida y se quede donde está?

Laura Conde @LauraConde5 | Barcelona | Actualizado el 23/06/2018 a las 14:32 horas

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