Felicitaos, premamás

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Durante el embarazo SÍ se puede comer jamón ibérico

El miedo a la toxoplasmosis es lo que tradicionalmente ha privado a las mujeres embarazadas de comer jamón ibérico durante nueve meses. De hecho, no son pocas las que se hincan un bocata de jamón nada más dar a luz. Pues bien, ahora os revelamos que no hay nada que temer: premamás, dadle al jamón sin miedo.

El jamón y el embarazo no son incompatibles, ¡viva!
El jamón y el embarazo no son incompatibles, ¡viva! | Cocinatis

El miedo al parásito Toxoplasma gondii, responsable de la toxoplasmosis y que se puede encontrar en la carne cruda, es el que ha privado tradicionalmente a las mujeres embarazadas de comer jamón. Es que te felicite el doctor en plan efusivo y sacar la pata de jamón de la cocina o regalar los sobres al vecino... Pues bien, resulta que hay investigaciones sólidas que señalan que no hay relación entre el jamón y la toxoplasmosis.

Uno de los que avalan esta conclusión es el Centro Tecnológico Andaluz del Sector Cárnico (TEICA), que certificó mediante estudios realizados en el año 2012 que la curación del jamón elimina la toxoplasmosis. Ahora, el TEICA y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) han comenzado a colaborar para dar a conocer estos estudios a los profesionales para que mejoren sus recomendaciones sobre los hábitos de consumo durante el embarazo.

El jamón ibérico no es lo mismo que la carne cruda, ya que se somete a un complejo proceso de salado y curación. En el caso del jamón de bellota cien por cien ibérico, como es el caso del de la empresa Arturo Sánchez de Guijuelo (Salamanca) las garantías son aún mayores, ya que las piezas se curan durante un mínimo de cuatro años, mucho más que en el caso de otros productores, que cumplen el período mínimo exigido por ley. La doctora Marta Garcés, del Centro de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL), que ha estudiado detalladamente los productos de Arturo Sánchez, también ha llegado a la conclusión de que es totalmente seguro consumirlo durante los meses de gestación.

El proceso que se sigue en Arturo Sánchez explica por qué la toxoplasmosis no cabe en el jamón ibérico. El proceso del salado es minucioso y artesanal. Cada pieza pasa entre 12 y 15 días salándose, en función de su peso. Después, esas piezas se lavan, se perfilan y se secan en secaderos y bodegas naturales.

Además de en el embarazo, el jamón ibérico no solo es inocuo durante la lactancia, sino también recomendable: es una fuente importantísima de zinc y vitaminas, que refuerzan el sistema inmunitario del bebé y contribuyen a su desarrollo. Buenas noticias, por tanto, para las aficionadas al jamón ibñérico (¿quién no lo es?, ay...).

Javier Sánchez | @srjaviersanchez | Madrid | Actualizado el 23/06/2018 a las 13:07 horas

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