UNA RECETA BÁSICA PERFECTA PARA NEÓFITOS

UNA RECETA BÁSICA PERFECTA PARA NEÓFITOS

Celebra el Día Mundial del Pan... ¡haciendo uno en casa, claro!

Que no pasa nada, que el horno no es tu enemigo. De su interior no va a emerger un ser con tentáculos decidido a trocearte e introducirte dentro para acabar con tu vida de la peor de las maneras, sino que puede ser tu aliado y modificar sustancialmente tu día a día. Si nunca has hecho pan, sigue leyendo y piensa en que el Día Mundial del Pan puede ser una buena fecha para tu estreno. He aquí una receta sencillísima para que te hagas pan en casa sin complicaciones. Eso sí, tendrás que ponerte unas 24 horas antes de consumirlo. Lee, lee...

pan
Este es el resultado del esfuerzo. Vale la pena, ¿no? | Cocinatis

Antes de ponerte manos a la obra y si eres neófito en esto del pan casero, sigue siempre este consejo: no escuches a los iniciados. Ni caso. Desconecta. Ellos empezarán a aleccionarte sobre tipos de harina, sobre mezclas inauditas de harinas para que el resultado sea más esponjoso, te darán una inacabable y probablemente ininteligible 'masterclass' sobre masas madre de la que saldrás más perdido de lo que entraste... y total para qué. Tú solo quieres hornearte un pan rico y tener siempre lista tu hogaza en casa, sin parafernalias.

Después ya vendrán, o no, las masas madre con manzanas recién cogidas del árbol y los ingredientes extra, que pueden ser desde cereales a frutos secos o tomate, pero empecemos por la lección 1 y huyamos, al menos del momento, de la sabiduría de los sesudos del pan.

Hacer pan es facilísimo, no tiene ningún secreto más que ponerse con un poco de tiempo, porque las fermentaciones son lentas y la elaboración de la masa madre también. Dicho esto, y si tienes 24 horas por delante y muchas ganas, sigue estos pasos:

INGREDIENTES

- 325 g de harina de espelta integral.
- 200 g de masa madre (a poder ser también de espelta integral).
- 60 ml de agua.
- 10 g de sal.

ELABORACIÓN

- En primer lugar vamos a elaborar la masa madre, la más sencilla, que no tiene complicación alguna. La masa madre es aquella sustancia mágica que añadiremos a nuestros panes y aportará esponjosidad, carácter y suavidad, y que debemos elaborar aproximadamente unas doce horas antes de ponernos a hacer el pan. Una buena opción es guardarla en el congelador e irla sacando cuando la necesitemos, así nos ahorraremos el tiempo de espera y la tendremos siempre a punto. Para hacer la masa madre, hemos de mezclar harina, agua y levadura en las cantidades que indicábamos arriba, o en su defecto en medidas proporcionales, amasar y reservar durante doce horas en un recipiente cerrado herméticamente o, como decíamos, en el congelador. Esta masa va a ir fermentando y, por tanto, convirtiéndose en un ente vivo que va a ser el encargado de definir la estructura de nuestro pan.

- Una vez hecha la masa madre, mezcla todos los ingredientes excepto la sal y deja la masa durante 30 minutos tapada con papel transparente. Pese a que la harina de espelta no es de fuerza, la acidez de la masa madre fortalecerá la estructura del gluten, de manera que, pese a que otros tipos de harina podrían prescindir de la masa madre, siempre la utilizaremos cuando trabajemos con espelta.

- Añade la sal, amasa de nuevo y deja fermentar la masa a temperatura ambiente durante dos horas.

- Haz una bola y déjala reposar un par de minutos sobre la encimera. Introdúcela en un molde forrado con papel de cocinar y guárdala en la nevera para que fermente durante unas 12 horas.

- Saca la masa y déjala a temperatura ambiente un par de horas más.

- Precalienta el horno a 250 grados. Es conveniente tener una bandeja sobre el suelo del horno con medio dedo de agua muy caliente para que genere vapor.

- Haz un corte longitudinal en la masa, introdúcela en el horno con calor sólo por debajo durante 15 minutos.

- Pasado este tiempo baja la temperatura a 200 grados y dale calor también por arriba, durante unos 25 minutos más en función de cómo te guste el pan.

- Deja enfriar el pan a temperatura ambiente y envuélvelo en un paño. Lo podrás conservar durante tres o cuatro días, y, si ves que no vas a comerlo, ¡congela!

Laura Conde @LauraConde5 | Barcelona | 16/10/2015

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